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Capítulo 86:
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Ahora, sin embargo, ese pensamiento lo consumía.
Una sensación de pesadez le oprimía el pecho, asfixiándolo.
Su compostura se hizo añicos.
«¡Vamos a casa!», exigió Noah, agarrando con fuerza la muñeca de Sadie.
Sadie vaciló y casi se cae por el tirón repentino.
Se resistió con vehemencia, con el rostro crispado por la frustración.
—¡Suéltame!
Le dolía la muñeca.
La irritación se apoderó de ella.
¿Cómo se atrevía a tratarla así?
La mirada de Noah era intensa, su voz no admitía réplica. —No tienes elección, Sadie.
Contuvo su furia, sin aflojar el agarre de su muñeca, como si intentara fusionarla con su existencia.
Justo cuando Noah intentaba acercar a Sadie hacia él, Alex intervino, agarrando su otra muñeca.
—Sadie no va a volver contigo. ¡Deja de obligarla! —dijo Alex con determinación, mirando a Noah a los ojos sin vacilar.
Al sentir el temblor en la muñeca de Sadie, el corazón de Noah se llenó de empatía por ella.
Se giró, con los ojos agudos y fijos en Alex. —¡Suelta a Sadie ahora mismo!
El aire crepitaba con la tensión, cargado de una amenaza tácita.
De repente, un fuerte «¡Bang!» rompió el silencio.
Kyla se había derrumbado en el suelo, agarrándose el pecho.
Su tez se volvió pálida, sus labios perdieron color y su respiración era superficial.
—¡Kyla! —Noah inmediatamente dirigió su atención hacia ella.
El sonido sobresaltó a Sadie, que instintivamente miró hacia Kyla. Con gran esfuerzo, Kyla murmuró débilmente: —Está… está bien… No te preocupes por mí… Yo… yo me las arreglaré…
Su voz se apagó débilmente, cada palabra parecía ser la última.
La expresión de Noah se ensombreció con un toque de irritación.
El recuerdo del problema cardíaco crónico de Kyla, resultado de un sacrificio pasado para salvarlo, pasó por su mente.
Rápidamente reprimió su frustración.
Su mirada se desplazó de Sadie a Alex, y finalmente volvió a Sadie con una expresión compleja.
—No me importa lo que Alex y tú hagáis en el restaurante —dijo con frialdad, con voz autoritaria—. Solo asegúrate de volver antes de las ocho de la noche.
Sadie sintió un peso en el pecho.
Sus palabras la atravesaron como una aguja afilada.
Apretó la mandíbula y permaneció en silencio.
Alex siguió sujetándole la muñeca, sintiendo un ligero temblor recorrer su cuerpo.
Él la miró con preocupación antes de soltar su mano.
Noah se agachó para levantar a Kyla y se dirigió hacia el garaje con paso firme y decidido.
Mientras Sadie los veía marcharse, su corazón se encogió con un dolor punzante y la amargura le subió a la garganta.
A pesar de su infidelidad en el matrimonio, Noah no estaba dispuesto a dejarla marchar.
Parecía decidido a mantener el control, a que todo siguiera a su favor.
Era realmente astuto.
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