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Capítulo 66:
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Con la paciencia a punto de agotarse, Sadie pasó junto a Kyla sin apenas reconocer su presencia.
—¡Sadie! —La voz de Kyla, teñida de urgencia y un temblor de pánico, la detuvo.
Sadie se detuvo en seco, pero no se volvió hacia Kyla.
—¿Estás embarazada? —tartamudeó Kyla, con una mezcla de incredulidad y miedo en la voz.
En ese momento, un frío escalofrío recorrió a Sadie y su corazón se hundió en un abismo de preocupación.
Bajo la mirada gélida de Kyla, un escalofrío recorrió la espalda de Sadie, que se puso rígida por la inquietud.
—¿Y eso qué tiene que ver contigo? —preguntó con tono defensivo.
Sadie instintivamente se rodeó el vientre con los brazos, un gesto protector que no pasó desapercibido.
—Entonces, ¿por qué no le has dicho a Noah que estás embarazada? —espetó Kyla, apretando con fuerza la muñeca de Sadie, casi hasta hacerle daño, con las uñas a punto de romperle la piel.
—Déjame adivinar: vas a tener al bebé a sus espaldas y luego se lo vas a restregar en la cara para chantajearlo —continuó, con puro desprecio en sus palabras.
El fuerte pellizco hizo que Sadie hiciera una mueca de dolor mientras liberaba su brazo, con un desprecio palpable. —¿Crees que estoy tan desesperada como tú? ¿Aferrándote a Noah por cualquier medio engañoso que sea necesario?», replicó Sadie, con su desdén por el contacto de Kyla evidente en su estremecimiento de repulsión.
Kyla, momentáneamente desequilibrada por la fuerza, se estabilizó y sonrió con desprecio. «Patética. ¿De verdad crees que tener un hijo suyo mantendrá a Noah a tu lado? Si ahora no le importas lo más mínimo, ¿qué te hace pensar que le importará ese bebé?».
Hizo una pausa y su voz se volvió más fría con cada palabra. —Si esperas que este bebé mejore tu posición, estás viviendo en un mundo de fantasía. Un hombre del calibre de Noah podría tener innumerables herederos si quisiera. —Con una risa burlona, Sadie replicó—: ¡Entonces te deseo sinceramente suerte para que pronto tengas un hijo de Noah!
Con una última mirada despectiva a Kyla, Sadie se dio la vuelta y se alejó con paso firme.
Ahora solo quería conseguir esa carta y poner fin a esta pesadilla de una vez por todas.
Kyla la observó, con el pecho ardiendo de pura rabia mientras la silueta de Sadie se desvanecía en la distancia.
El dolor de las últimas palabras de Sadie perduró, tan agudo y repentino como una bofetada en la cara.
Noah ni siquiera le había puesto un dedo encima, ¡ni una sola vez! ¿Qué pasaría si Noah se enteraba de que Sadie estaba embarazada de él?
La mera posibilidad la hizo temblar, su mente se negaba a aceptar el resultado.
A pesar de intentar convencerse de lo contrario, Kyla sabía en su corazón que Noah sentía algo por Sadie.
Sus miradas fugaces y sus gestos sutiles e inconscientes eran innegables, testimonios silenciosos de su cariño.
No, ese niño no tenía cabida en este mundo, había que deshacerse de él. Kyla se armó de valor y echó a correr tras Sadie, con su decisión cada vez más firme a cada paso.
Miró a su alrededor con pánico y vio un coche autónomo que se alejaba de la acera.
La voz de Sadie, lejana y gélida, le llegó hasta los oídos. —Llévame a Everhart Gardens.
Everhart Gardens. Por supuesto. Allí era donde vivía Laura, la abuela de Sadie.
Un recuerdo pasó por la mente de Kyla: los susurros de una conversación que había escuchado entre Sadie y Laura.
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