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Capítulo 63:
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Jim se encontró con la mirada ansiosa de Sadie, respiró profundamente y afirmó con certeza: «Está bien, solo está muy cansada y necesita descansar».
Noah frunció aún más el ceño. Intuyó que algo no cuadraba en la valoración de Jim, pero respetaba su experiencia médica.
La habitación se sumió en un silencio tenso.
Sadie sintió que un ligero peso se le quitaba de encima. Exhaló con cansancio y murmuró: «Por favor, idos todos. Necesito descansar».
Noah dudó, con las palabras en la punta de la lengua, pero se contuvo, recordando el consejo anterior de Jim. Se levantó, con su presencia cerniéndose sobre Sadie, y le susurró tranquilizadoramente: «Descansa ahora. No te preocupes por nada. El hombre de anoche no volverá a molestarte; ha sido arrestado».
Sadie se quedó momentáneamente atónita, con una mezcla de emociones parpadeando en sus ojos cansados.
Por un instante, casi se convenció de que Noah la había rescatado, pero las palabras de Kyla resonaban en su mente: la policía era la verdadera salvadora, no Noah.
Cuando Noah salió, Kyla lo siguió. El eco de los tacones de Kyla en el suelo se desvaneció lentamente y, con él, el fugaz consuelo que le habían proporcionado las palabras aparentemente preocupadas de Noah se disipó del corazón de Sadie.
Entonces miró a Jim, que se había quedado atrás a propósito, y reunió fuerzas para decir: —Dr. Archer… —Su voz sonaba ronca—. Gracias.
Jim se detuvo y se volvió, sorprendido. —¿Por qué?
—Por no decirle nada a Noah sobre el bebé. —Apretó la colcha con más fuerza, hasta que se le pusieron blancos los nudillos.
Jim tenía una expresión que transmitía emociones encontradas. Hizo una pausa, sopesando sus palabras, y luego preguntó: «Tarde o temprano, la verdad saldrá a la luz. ¿Cuál es tu próximo paso?».
Los ojos de Sadie se posaron en el blanco inmaculado de la colcha. Una determinación se solidificó en su interior mientras decía: «Me divorciaré de Noah lo antes posible. ¿Y este niño? Lo criaré yo sola».
Jim, visiblemente sorprendido, luchó por comprender su decisión. «¿Tú… piensas criar al bebé tú sola?», preguntó atónito. «No será fácil».
Bajo la colcha, Sadie acarició su abdomen, sintiendo el movimiento de la nueva vida. Una pequeña pero decidida sonrisa se dibujó en sus labios. «Cada niño es una bendición», dijo en voz baja, con determinación en su voz. «Este niño me ha elegido para ser su madre y yo asumiré esa responsabilidad. Puede que no tenga padre, pero me aseguraré de que sienta el doble de amor por mi parte».
Tras un breve silencio, Jim asintió con la cabeza, aceptando su decisión. «De acuerdo, si estás segura de que es lo que quieres».
Sadie asintió a su vez, esbozando una pequeña sonrisa de gratitud en su rostro.
Jim salió de la habitación del hospital en silencio y cerró la puerta con suavidad. Se preguntó si Noah se arrepentiría algún día de haber perdido a una mujer tan extraordinaria. Era poco probable.
Recordando la falta de empatía de Noah, Jim sacudió la cabeza con decepción y suspiró suavemente. Sacó un talonario de recetas y anotó los nombres de algunos medicamentos. A simple vista, parecían simples vitaminas para ayudar a Sadie a recuperarse, pero en realidad estaban destinados a proteger su embarazo.
Más tarde ese mismo día, mientras Sadie estaba sentada en la cafetería del hospital, sonó su teléfono con una llamada inesperada de una enfermera.
—Señorita Hudson, su abuela ha despertado.
Al oír la noticia, Sadie sintió que la alegría sustituía al dolor al instante. —¿De verdad? ¡Ya voy!
Corrió hacia la habitación de Laura.
Un olor clínico flotaba en el aire y las sábanas blancas contrastaban con la palidez de Laura.
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