✨ Nuevos capítulos cada martes y viernes
✨ Descubre más novelas completas aquí
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 589:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
La puerta estaba entreabierta. Dudó un instante antes de empujarla suavemente y entrar.
Alex yacía en la cama, con la cabeza vendada con gasas limpias. Un médico estaba a su lado, hablando en tono tranquilo y mesurado.
—La herida está bien vendada, pero manténgala seca y evite cualquier actividad extenuante. Es mejor que pase la noche aquí en observación, por si acaso tiene una conmoción cerebral. El reposo es fundamental, y si siente alguna molestia, pulse el botón de llamada inmediatamente.
Alex asintió con la cabeza. —Gracias, doctor.
El médico le devolvió el gesto, salió de la habitación y cerró la puerta tras de sí.
Ahora solo estaban ellos dos. Alex miró a Sadie y en sus ojos se reflejó la sorpresa. Intentó incorporarse, pero el esfuerzo le provocó un gesto de dolor.
—Sadie, ¿qué haces aquí? No tienes por qué preocuparte, estoy bien —dijo entre dientes, con la respiración entrecortada.
Sadie se puso a su lado en un instante, le puso una mano en el hombro con delicadeza y le ayudó a recostarse. Una punzada de culpa se apoderó de ella. Bajó la voz, con un tono teñido de preocupación y frustración.
—La próxima vez, no seas tan imprudente. Cuando hay peligro, tienes que pensar primero en protegerte.
Alex la miró a los ojos, con una mirada suave pero firme.
Abrió los labios como para hablar, pero dudó y se tragó lo que fuera que tenía en mente. Se produjo una larga pausa entre ellos antes de que finalmente dijera, en un susurro apenas audible: —No dejaré que te pase nada.
Algo en su forma de decirlo inquietó a Sadie, una calidez mezclada con una promesa tácita. No queriendo darle más vueltas, rápidamente cambió de tema. —¿Dónde está Stan?
La expresión de Alex se ensombreció y bajó la mirada.
—Lo envié de vuelta a la empresa. Había algunas cosas que debía resolver —dijo, ahora en voz más baja. Sadie lo observó, cada vez más preocupada.
—Deberías quedarte a pasar la noche. El médico fue claro: nada de movimientos innecesarios. Alguien debería quedarse aquí contigo.
Alex se limitó a encogerse de hombros, descartando la preocupación con una sonrisa poco convincente. —No soy un niño, Sadie. Puedo arreglármelas. —Su intento de tranquilizarla fue, en el mejor de los casos, débil—. En el peor de los casos, pulsaré el botón de llamada y una enfermera vendrá a atenderme. Sadie, no pierdas el sueño por mí. Vete a casa y descansa.
Sadie no podía quitarse de la cabeza la inquietud que la carcomía. La idea de dejar a Alex solo en ese estado le parecía imposible. —Ni hablar, ¡le pediré a Jim que me ayude a contratar a alguien que te cuide!
Alex abrió la boca para discutir, pero antes de que pudiera decir una palabra, Sadie ya había sacado su teléfono y marcaba el número de Jim con dedos decididos y urgentes.
Mientras sonaba el teléfono, Alex la observaba, sintiendo una tranquila calidez en el pecho. Ella todavía se preocupaba por él.
Jim, como médico jefe, no debería tener ningún problema en encontrar a alguien de confianza que se quedara con él. Pero los segundos se alargaban, convirtiéndose en minutos, y luego en más. No había respuesta.
Sadie bajó lentamente el teléfono y frunció el ceño. Estaba indecisa. Dejar a Alex solo en ese estado no le parecía bien. —Quizá debería quedarme. ¿Qué te parece? —La voz de Sadie denotaba cierta vacilación.
Los ojos de Alex se iluminaron al instante, aunque se apresuró a adoptar una expresión más neutra.
.
.
.