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Capítulo 587:
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Apretando los dientes, se marchó.
Sin perder tiempo, Sadie se apresuró a ir al vestuario.
Justo cuando terminaba, Vivi irrumpió en la habitación, irradiando furia.
—¡Sadie, zorra! —siseó Vivi, levantando la mano para golpearla.
Pero Sadie no estaba dispuesta a dejarla.
Esquivó el golpe sin esfuerzo y respondió con otra bofetada. «¿Qué te pasa, Vivi?».
Atónita, Vivi se agarró la mejilla y miró a Sadie con ira. «¿Me acabas de pegar?».
Sadie sonrió con aire burlón, y su irritación dio paso a la diversión. —Tú has empezado. Solo quería que supieras lo que se siente. —Sin dudarlo, volvió a golpearla, esta vez con toda su fuerza.
La cabeza de Vivi se ladeó, dejándola aturdida por un momento.
Cuando Sadie bajó la mano, su mirada seguía siendo penetrante.
—El primero fue por romper las reglas. El segundo, por la humillación a la que me has sometido.
Vivi salió de su estado de shock y la furia brilló en sus ojos. —No te creas tan importante, Sadie. Puede que hayas ganado, pero eso no te hace mejor que yo.
Inclinándose, Vivi susurró con aire de suficiencia: —¿Sabes qué? Solo hizo falta un poco de encanto para que Noah me entregara el campeonato.
Sadie arqueó una ceja, con voz llena de burla. —¿Ah, sí? Si Noah te aprecia tanto, ¿por qué no te ha llevado a su lado? Afróntalo, Vivi: no eres nada especial.
Las palabras de Sadie tocaron un punto sensible.
Aunque los demás quizá no se dieran cuenta, Vivi sabía la verdad: Noah nunca le había prestado la más mínima atención.
Sadie interpretó el silencio como lo que era: un golpe directo.
Sonriendo levemente, pasó junto a Vivi y se alejó.
—¡Sadie, te arrepentirás! ¡Ya lo verás! —le gritó Vivi. Sin embargo, el dolor de las dos bofetadas le impidió seguirla.
En ese momento, su teléfono vibró.
Irritada, lo cogió.
—Hola, papá…
—¡Vivi! ¡Eres una vergüenza! ¡Mira el desastre que has montado! ¡Por tu culpa, nuestra familia es el hazmerreír de todos! ¡Vuelve a casa inmediatamente! —gritó Moses antes de colgar.
A Vivi le temblaban las manos y le fallaba la voz.
Todo era culpa de Sadie. Algún día se lo pagaría.
Mientras tanto, Sadie había llegado al aparcamiento, con Nanette siguiéndola en silencio.
Justo cuando estaba a punto de entrar en el coche, se acercó una figura familiar: era Kyla.
Nanette se puso rígida e instintivamente bajó la mirada.
Kyla pasó con aire despreocupado, contoneando las caderas, y se detuvo delante de Sadie.
Sonrió con aire burlón, con voz llena de desprecio.
—No te engañes, Sadie. Ganarle a Vivi no significa que hayas ganado. Tus trucos no me impresionan.
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