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Capítulo 584:
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Garrett contuvo el aliento y el sudor le corría por las sienes. Todo su cuerpo temblaba mientras se derrumbaba de rodillas ante Sadie, con sollozos desesperados y desgarradores.
—¡Señorita Hudson, no puede hacerme esto! —logró articular con voz entrecortada—. Hay gente que depende de mí, toda mi familia depende de mi apoyo. ¡Se lo ruego, borre esa grabación! ¡Por favor, se lo suplico!
Sadie permaneció impasible mientras se apartaba de él, con repugnancia en el pecho.
—Las acciones tienen consecuencias.
Su voz carecía de compasión mientras se daba la vuelta, dispuesta a marcharse. El corazón de Garrett latía con fuerza al darse cuenta de la inutilidad de sus súplicas, y sus rasgos se contorsionaron en una expresión sombría.
¡Maldita mujer!
Si estaba decidida a acorralarlo, no tenía derecho a protestar cuando él se defendía.
Su mirada se posó en una imponente escultura metálica cercana, que se erigía como un centinela.
Sin dudarlo un instante, la agarró y la blandió con todas sus fuerzas.
—¡Zorra! ¡Vete al infierno! —gritó, con los ojos inyectados en sangre y ardiendo de furia.
El movimiento brusco llamó la atención de Sadie, que contrajo las pupilas.
Su mente se quedó en blanco: no había escapatoria.
Estaba perdida.
Justo cuando la escultura estaba a punto de golpearla, una figura se interpuso entre ella y el objeto. —¡Bang!
Un ruido sordo y repugnante resonó en la habitación cuando la cabeza de Alex recibió el impacto. Su rostro se cubrió de sangre.
—¡Alex! —chilló Sadie, con voz llena de pánico.
Garrett se quedó rígido, con el horror reflejado en su rostro.
Sus dedos se aflojaron y la escultura se le escapó de las manos, estrellándose contra el suelo.
¿Cómo era posible?
Esta mujer había tenido la suerte de que alguien la protegiera en el último momento.
Ahora estaba realmente perdido: la situación se había convertido en algo mucho peor de lo que había previsto.
El miedo se apoderó de él y Garrett retrocedió tambaleándose antes de dar media vuelta y salir corriendo.
Sadie no se molestó en perseguirlo.
Toda su atención se centró en Alex, cuyo cuerpo se balanceaba inestable. Con las manos temblorosas, se acercó para sostenerlo.
—¡Alex, háblame! ¡No me asustes! —gritó con voz temblorosa.
—Estoy bien —murmuró Alex, aunque las rayas carmesí que le corrían por la cara decían lo contrario.
Intentó esbozar una sonrisa tranquilizadora, pero solo le salió una mueca de dolor.
—¿Que estás bien? ¡Estás sangrando mucho! —La voz de Sadie se quebró mientras rebuscaba frenéticamente en su bolso, sacando pañuelos en un intento inútil por detener la hemorragia. La sangre seguía fluyendo.
El pánico se apoderó de ella mientras buscaba a tientas su teléfono. Sus dedos apenas funcionaban mientras marcaba el número.
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