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Capítulo 572:
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«Solo pienso en tu futuro. Si no aportas nada de valor a nuestra familia, ¿para qué sirves?».
Vivi se quedó paralizada, consumida por la desesperanza.
Después del banquete, Sadie no tenía intención de quedarse: su mente estaba ocupada con pensamientos sobre Averi.
Se cambió el vestido formal por algo más cómodo y salió sola del hotel.
El aire de la noche era un poco frío, lo que la llevó a ajustarse el abrigo mientras esperaba en la acera para parar un taxi. A poca distancia, el vehículo de Alex se detuvo lentamente.
Bajó la ventanilla y fijó la mirada en Sadie con un gesto de preocupación, a punto de hablar.
En ese momento, un elegante Rolls-Royce Phantom negro se detuvo delante de ella. Los faros se atenuaron y la puerta se abrió, dejando al descubierto la alta y elegante figura de Noah.
La expresión de Alex se ensombreció al instante y apretó los dedos alrededor del volante.
Miró a Sadie con los ojos llenos de emociones encontradas.
Una vez más, había llegado un paso tarde.
—Sube —le ordenó Noah con voz grave, tranquila e impenetrable.
Sadie dudó, sorprendida por su inesperada llegada.
—¿Qué haces aquí? —preguntó.
Antes de que él pudiera responder, una voz alegre resonó desde el interior del coche, rebosante de emoción.
—¡Mamá!
Sadie se volvió hacia el sonido y sus ojos se agrandaron al ver a Averi en el asiento trasero, con el rostro iluminado por la alegría.
—¿Averi? ¿Qué haces aquí? —preguntó, sorprendida y encantada, mientras se acercaba.
—Te extrañaba, mami —dijo Averi con voz tierna—. Quería comer contigo, así que le pedí al señor Wall que me trajera aquí.
Todavía llamaba a Noah «señor Wall».
Las palabras de Averi hicieron que el corazón de Sadie se llenara de ternura. Se acercó para acariciarle el suave cabello y le habló con voz dulce. —Está bien, vamos a comer algo juntos. —Volvió la mirada hacia Noah en busca de confirmación.
Él asintió levemente con la cabeza, dando su consentimiento.
Sin dudarlo, Sadie se subió al coche y cogió a Averi en brazos.
Mientras el Rolls-Royce se alejaba, Alex permaneció en su coche, con el rostro nublado por la frustración.
Golpeó el volante con el puño, y el fuerte ruido resonó en el silencioso habitáculo.
En el interior del coche de Noah, el ambiente era alegre.
—¿Qué te apetece comer, Averi? —preguntó Sadie, abrazando a su hijo.
—Mmm… —Averi se tocó la barbilla, pensando seriamente. —¡Quiero una hamburguesa, patatas fritas y helado!
—Está bien, lo que tú quieras —respondió Sadie con cariño, con una expresión llena de afecto.
Noah observó su interacción a través del espejo retrovisor, con una sutil sonrisa indescifrable en los labios.
El coche entró en el aparcamiento subterráneo de un lujoso centro comercial.
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