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Capítulo 56:
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Al oír sus palabras, Noah se detuvo en seco y la miró.
Por primera vez, se dio cuenta de lo frágil que parecía, con su mirada normalmente firme ahora llena de preocupación.
Por un momento, Noah dudó, y su voz se tensó cuando dijo: «¿Por qué no…?».
Kyla le interrumpió antes de que pudiera terminar, agarrándose el pecho y exclamando: «Ah, Noah, me duele mucho el pecho…». Frunció ligeramente el ceño, como si estuviera soportando un dolor inmenso, tratando de ocultarlo.
La preocupación de Noah se centró inmediatamente en ella. Corrió a su lado y le preguntó con urgencia: «¿Estás bien?».
«Me duele», susurró Kyla débilmente, desplomándose en los brazos de Noah y jadeando en busca de aire.
Sin pensarlo dos veces, Noah levantó a Kyla y se dirigió rápidamente a la oficina del director.
En un principio, Noah había ido al hospital para conocer el diagnóstico de Kyla.
El encuentro con Sadie no estaba previsto.
Kyla había cogido a escondidas el teléfono de Sadie para llamar a Noah y no podía permitir que se resolviera rápidamente el malentendido entre ellas.
Mientras Noah se llevaba a Kyla, Sadie los observaba con el corazón hundido en una profunda amargura. Abrumada y agotada, no podía permitirse seguir reflexionando sobre su situación.
Alex, que llevaba un rato observando en silencio, se dio cuenta de la fuerza que Sadie estaba haciendo y se compadeció de ella.
Le sugirió con delicadeza: «Sadie, no pasa nada si quieres llorar».
«Estoy bien», respondió Sadie, negando con la cabeza mientras sus ojos se fijaban en la luz roja que acababa de encenderse en el quirófano.
Se sentó en el banco y esperó en silencio a que terminara la operación.
El tiempo pareció difuminarse hasta que Noah y Kyla volvieron a aparecer.
Noah vio a Sadie desde lejos, su figura pequeña y delicada en el banco, como una hoja que el viento podría llevarse.
«¿En qué piensas?», le preguntó con voz fría y distante. Sadie le dirigió una breve mirada antes de apartar la vista, sin responder.
A pesar de que la ignoró, Noah no reaccionó con su irritación habitual. En cambio, eligió un lugar cercano para sentarse, con la clara intención de quedarse. Al ver esto, Kyla se puso nerviosa. Se acurrucó más cerca de Noah, con voz tierna. —Noah, hace mucho frío. ¿Podemos irnos?
Él asintió brevemente, pero su mirada se posó en las puertas cerradas del quirófano. —Le diré al conductor que te lleve a casa —respondió sin emoción.
La sonrisa de Kyla se congeló y la tensión se hizo evidente en su expresión.
¿Iba a quedarse allí con Sadie?
Una llama de celos se encendió en su interior, pero la ocultó rápidamente mientras se levantaba con elegancia, con la postura inestable, como si fuera a desmayarse.
—Entonces, me voy. Hace frío aquí. Cuídate —dijo en voz baja.
Sus ligeras tosecitas contribuyeron a la frágil ilusión que proyectaba.
Noah respondió con un «Hmm» evasivo, sin apartar la mirada de las puertas del quirófano. A regañadientes, Kyla se dio la vuelta para marcharse.
Sadie, absorta en sus propios pensamientos, escuchó cada palabra que intercambiaron.
No pudo evitar reírse de lo absurdo de la situación.
Su conversación abierta se desarrollaba como si ella no existiera, como si fuera solo parte del fondo.
Apretó los puños con fuerza, clavándose las uñas en las palmas, pero ese dolor físico era insignificante comparado con la tormenta emocional que sentía en su interior.
Se acarició el abdomen con delicadeza y sintió un suave calor extendiéndose bajo sus dedos.
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