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Capítulo 555:
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Alex se incorporó rápidamente y entrecerró los ojos.
Esta colaboración le ofrecía una salida a su dilema actual y una oportunidad para vengarse.
La oportunidad de preservar la fundación de la familia Howe significaba que no se enfrentarían a la ruina total, lo que les daría una oportunidad de resurgir.
Sin embargo, el requisito de que «el patriarca de la familia Howe debe cambiar» le impactó duramente.
Significaba que tenía que derrocar a su propio padre y ocupar su lugar. Alex respiró con rapidez y apretó el teléfono con más fuerza, hasta que los nudillos se le pusieron blancos por el esfuerzo.
Tras una larga pausa, Alex exhaló profundamente y su expresión se endureció, mostrando determinación.
Se levantó y se acercó al espejo.
El reflejo era el de un hombre desaliñado, con el pelo revuelto y la barba descuidada, en marcado contraste con su aspecto habitual, siempre pulcro. Tras respirar hondo, Alex comenzó a arreglarse.
Se peinó, se afeitó y se puso un traje limpio y planchado.
A continuación, abrió la puerta y salió.
—Señor Howe. —Los dos guardias que custodiaban la puerta le bloquearon el paso, con el rostro impasible. —Su padre ha ordenado que no salga de esta habitación sin su permiso.
—Aparten —ordenó Alex con tono autoritario. Los guardias se miraron entre sí, pero no se movieron, leales únicamente a las órdenes de Terrance.
—¿Están sordos? —La voz de Alex se elevó, ahora marcada por la frustración—. Soy el director ejecutivo del Grupo Howe. ¿De verdad se atreven a detenerme?
—Señor Howe, solo cumplimos órdenes. Por favor, no lo haga difícil —suplicó uno de los guardias, armándose de valor.
—¿Difícil? —se burló Alex.
Dio un paso adelante, con la mirada penetrante y una presencia imponente—. Escuchen con atención. Esto no es una negociación. ¡Es una orden! —Alex enfatizó cada palabra con dureza—. ¡Apártense ahora mismo!
Su actitud intimidante hizo que los guardias retrocedieran involuntariamente.
—Vayan. Informen a Terrance Howe —dijo Alex, con voz más firme, mientras trataba de controlar sus emociones—. Díganle que he tomado una decisión.
Uno de los guardias asintió al otro, que se apresuró a transmitir el mensaje a Terrance.
Alex permaneció resuelto, con los puños tan apretados que las uñas se le clavaban en las palmas, causándole dolor.
En ese momento, sin embargo, el dolor era lo que menos le importaba.
La espera parecía interminable, cada segundo se alargaba hasta el límite.
Aunque parecía tranquilo, la mente de Alex era un torbellino, repitiendo posibles diálogos con su padre, anticipando todos los argumentos imaginables.
La conversación que se avecinaba sería traicionera, ya que un solo paso en falso podría significar el desastre.
Pronto regresó el guardia.
—Señor Howe, su padre desea verle —informó respetuosamente.
Alex avanzó hacia el estudio de Terrance.
En el interior, el ambiente era tenso.
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