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Capítulo 553:
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¿Confiaría en Alex?
—¡Mamá! —La dulce voz de Averi la sacó de sus ensoñaciones. Se volvió y lo vio en la entrada del salón, con sus grandes ojos llenos de curiosidad.
Al instante, su corazón se llenó de calor.
Se acercó y se agachó a su altura, preguntándole en voz baja: «¿Qué pasa, cariño?».
«Mamá, ¿de qué hablabas con el señor Wall? Estuvisteis allí mucho tiempo», preguntó Averi, inclinando la cabeza con curiosidad y tirando suavemente de la manga de Sadie.
«Solo hablábamos de cosas del trabajo, nada que te deba preocupar», le tranquilizó Sadie, acariciándole la cabeza con una sonrisa.
«¿Ves?», respondió Averi, sin entenderlo del todo.
Entonces, su expresión se iluminó con emoción. «Mamá, ¡tengo buenas noticias! Ha vuelto la bisabuela».
«¿La bisabuela?», repitió Sadie, sorprendida, con los ojos llenos de lágrimas.
¡Su abuela!
Hacía tanto tiempo que no la veía.
Desde su secuestro, había perdido el contacto con Laura. La preocupación había atormentado a Sadie, manteniéndola despierta por las noches, pero dudaba en preguntar, temiendo lo peor.
—¡Sí, mami! —exclamó Averi, agitando sus manitas—. Breck dijo que la bisabuela no se encontraba bien hace un rato, así que la llevó al hospital. Ahora está mejor y ha vuelto a casa».
Sadie se sintió abrumada por la emoción y las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas.
Se levantó rápidamente y corrió hacia la puerta.
«Señora Wall, usted…», comenzó Breck, sorprendido por el estado emocional de Sadie, pero ella ya había pasado junto a él, impulsada por la urgente necesidad de ver a su abuela.
En la entrada de la villa, una figura querida estaba de pie, sonriendo cálidamente y saludando con la mano.
Era su abuela, la mujer que la había criado y querido con todo su corazón.
—¡Abuela! —gritó Sadie, corriendo hacia los brazos abiertos de su abuela.
—¡Oh, mi querida niña! ¿Por qué lloras así? —Laura acarició suavemente la espalda de Sadie con preocupación—. ¿Alguien te ha hecho daño? Cuéntaselo a la abuela y yo me encargaré de ello.
Aferrándose con fuerza a Laura, Sadie dejó que las lágrimas fluyeran sin control. Nunca había llorado tanto, ni siquiera durante el tormento a manos de aquellos matones o en los momentos más oscuros de su supervivencia.
Su mayor temor siempre había sido que le hicieran daño a Laura, no su propio sufrimiento.
—Abuela, estoy bien… —logró decir Sadie entre sollozos—. Es solo que… te echaba mucho de menos…
—¡Tontita! ¿No estoy aquí contigo? Mira, estoy perfectamente bien, ¿verdad? —Laura la tranquilizó, secándole las lágrimas con ternura—. Deja de llorar o te estropearás esa carita tan bonita.
A pesar de sus esfuerzos, Sadie era incapaz de contener el torrente de lágrimas.
—Abuela… —logró articular con voz entrecortada—. ¿Dónde has estado todo este tiempo? Estaba tan preocupada…
—Solo era mi vieja enfermedad que se había reactivado. Tuve que quedarme en el hospital un tiempo —le explicó Laura con ligereza, tratando de tranquilizarla—. ¿Ves? Ya estoy de vuelta y mejor. No te preocupes, ¿vale?
Saber que Laura estaba minimizando sus propios problemas para no preocuparla solo aumentaba el dolor emocional de Sadie.
—Abuela, lo siento… —susurró Sadie, con la voz cargada de arrepentimiento y alivio.
«Niña tonta, ¿por qué te disculpas?», dijo Laura acariciándole el pelo con ternura. «Nunca te culpo. Mientras estés bien, yo estoy tranquila».
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