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Capítulo 482:
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Ella empujó contra él con todas sus fuerzas, desesperada por liberarse de su agarre.
Pero el efecto de la droga había hecho que Noah se volviera inquietantemente fuerte.
Su agarre se hizo aún más fuerte, restringiendo su respiración.
Un gruñido gutural y bajo retumbó en la garganta de Noah. Sus ojos, salvajes y desenfocados, reflejaban los de un hombre perdido en el deseo, desprovisto de toda razón.
Bajó la cabeza y rozó con los labios el cuello de Sadie en una búsqueda febril y sin sentido de consuelo.
—¡Noah! ¡Vuelve en ti! —gritó Sadie con voz aguda y urgente, mientras luchaba en vano por escapar de su agarre.
—Me estoy quemando… Tengo mucho calor… —murmuró Noah con voz ronca y débil. Su cuerpo se presionó contra el de Sadie, como si intentara fundirse con ella.
De repente, empujó a Sadie sobre la cama.
Sadie jadeó sorprendida, su espalda golpeó contra el colchón. El impacto le provocó un dolor agudo que le hizo llorar. El peso de Noah la inmovilizó por completo.
—¿Qué estás haciendo, Noah? —preguntó Sadie, con la voz temblorosa por el miedo.
Sin decir nada, los labios de Noah encontraron los de ella y los sellaron con un beso fuerte y posesivo.
La sorpresa hizo que Sadie abriera los ojos como platos. Empujó contra él con todas sus fuerzas, pero él no se movió.
Su beso era intenso, lleno de desesperación y posesividad.
Las lágrimas brotaron de los ojos de Sadie.
—Noah, por favor, suéltame… —suplicó en un susurro entrecortado, pero Noah parecía sordo a sus gritos.
Él se aferró a ella, besándola con fervor salvaje. Sus manos se movieron por su cuerpo, tirando de su ropa.
En cuestión de segundos, la ropa informal de Sadie quedó hecha jirones, dejando al descubierto su piel impecable.
«No, para…», la voz de Sadie se ahogó entre sollozos, su espíritu se hundió en el miedo y la desesperación.
Se dio cuenta de la gravedad de la situación…
En ese momento crítico, un destello de reconocimiento cruzó los ojos de Noah.
Se detuvo bruscamente, con la respiración entrecortada en la habitación silenciosa. Como quemado, soltó a Sadie y se tambaleó hacia el cuarto de baño.
¡Swoosh!
El sonido del agua llenó el aire, enmascarando los sollozos silenciosos y temblorosos de Sadie.
Acurrucada en la cama, Sadie se aferró a los restos de su ropa, tratando de cubrirse.
Las lágrimas corrían silenciosamente por su rostro, empapando la almohada debajo de ella.
El sonido del agua corriendo persistía en el cuarto de baño.
Durante un largo rato, no cesó.
La inquietud creció en su interior.
Miró hacia el cuarto de baño, con la mirada fija en la puerta de cristal esmerilado que le impedía ver.
¿Estaría Noah bien?
La idea la invadió con fuerza, impulsándola a actuar.
Sin importarle su aspecto desaliñado y sus pies descalzos, corrió hacia el cuarto de baño.
—¡Noah! ¡Noah, ¿estás bien? —Sadie golpeó la puerta, con la voz cargada de pánico y urgencia.
Pero el único sonido era el continuo chorro de agua; no hubo respuesta.
Una profunda angustia se apoderó de su corazón.
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