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Capítulo 422:
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¿Podría Noah mostrar tal amabilidad? Eso parecía muy improbable.
Su relación se había desmoronado hasta convertirse en nada más que un resentimiento persistente. ¿Qué más podía esperar?
Sadie apretó con fuerza el recipiente térmico, con el corazón lleno de confusión y ansiedad.
El aroma del caldo de pollo inundaba la habitación, pero ella no tomó ni un solo sorbo. Se limitó a sostener el recipiente hasta que se le pusieron blancos los nudillos.
Finalmente, lo dejó a un lado sobre la mesa y centró su atención en Laura, que dormía con expresión tranquila.
Olas de culpa la invadieron, rompiendo contra sus emociones ya desgastadas.
Su madre había desaparecido. Su abuela estaba enferma.
Sadie se sentía completamente impotente ante todo.
Pensó en el inmenso poder que ejercía la familia Wall, abrumador e inalcanzable.
¿Qué podía hacer ella contra ellos?
—Abuela… —susurró Sadie, con la voz entrecortada, mientras apretaba la mano de Laura contra su mejilla.
—Lo siento. Me siento tan impotente…
Las lágrimas resbalaban por sus mejillas, empapando la frágil mano de Laura.
En ese momento, la puerta de la sala se abrió suavemente y varios médicos desconocidos entraron.
Vestidos con impecables batas blancas, Sadie no reconocía a ninguno de ellos.
Un especialista de edad avanzada, distinguido por su cabello plateado y sus gafas de montura dorada, encabezaba el grupo. Se movía con una autoridad tranquila.
Sadie se levantó, con los ojos muy abiertos por la sorpresa.
—Buenas tardes, señorita Hudson —dijo el especialista con amabilidad—. El hospital nos ha reunido como equipo de especialistas para consultar el caso de su abuela.
Sorprendida, Sadie miró instintivamente sus placas identificativas.
«Asociación Internacional de Cardiología…».
«Clínica Mayo, Maradeiris…».
Se le cortó la respiración.
No eran médicos cualquiera, eran expertos de renombre mundial.
Una chispa de esperanza se encendió en su interior. ¿Podría ser… Noah?
Inmediatamente descartó la idea.
Parecía imposible. ¿Por qué iba Noah a ayudar? Probablemente preferiría que su abuela desapareciera de sus vidas.
—¿Señorita Hudson? —La amable voz del médico mayor la sacó de sus pensamientos.
Sadie se secó las lágrimas e hizo una pequeña reverencia.
—Oh, hola. Muchas gracias a todos por venir.
Los especialistas se reunieron alrededor de la cama de Laura y comenzaron su exhaustiva evaluación.
Sadie se quedó cerca, observando cada movimiento con el corazón latiéndole con fuerza.
El tiempo se ralentizó mientras esperaba su conclusión.
Por fin, terminó el examen.
—Señorita Hudson —dijo el especialista de edad avanzada, quitándose las gafas con cuidado. Su voz era firme y tranquilizadora—.
—La condición de su abuela es estable por ahora. Es necesario continuar con la observación y el tratamiento, pero hemos desarrollado un plan integral. Con cuidados, sus posibilidades de recuperación son altas.
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