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Capítulo 379:
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«¿Dónde está Averi?».
«Se ha ido a Slimron en un viaje educativo. Estará fuera unos días».
Noah asintió levemente con la cabeza. No dijo nada más.
Noah cogió una caja exquisita que había sobre el escritorio, cuya superficie brillaba bajo la suave luz. Se la tendió a Sadie con movimientos deliberados pero sin esfuerzo.
—Esta noche hay un evento benéfico —dijo con voz baja y firme—. Me gustaría que me acompañaras.
Sadie se quedó paralizada, con la mirada fija entre la caja y el rostro impasible de Noah.
—¿Yo? —preguntó en un susurro. Se señaló a sí misma para confirmar que no se había equivocado. La idea le parecía absurda, casi surrealista.
Noah asintió levemente, con expresión impenetrable, pero su tono no dejaba lugar a discusiones.
—Sí. Necesito una acompañante.
El primer instinto de Sadie fue negarse. Pero entonces, las palabras de Nanette resonaron en su mente, recordándole lo que Noah había hecho por ella y por su estudio.
—Está bien —se oyó decir a Sadie, antes de poder pensarlo dos veces.
Su corazón dio un vuelco cuando alcanzó la caja y sus dedos rozaron el terciopelo, con una extraña mezcla de expectación e inquietud revoloteando en su pecho.
Los ojos de Noah se posaron en ella, oscuros e indescifrables, como si intentaran descifrar algo que la propia Sadie no acababa de entender.
—Nos iremos a las siete —dijo Noah con tono definitivo. Sin decir nada más, bajó la cabeza y volvió a centrar su atención en la pantalla brillante de su ordenador portátil. Sadie salió del estudio, apretando la caja entre sus manos.
Una vez de vuelta en su habitación, la abrió con cuidado y descubrió un impresionante vestido de noche de color azul intenso. Pequeños cristales salpicaban la tela, reflejando la luz como estrellas esparcidas por el cielo nocturno. Su corazón se aceleró al deslizar los dedos sobre el suave y lujoso tejido, y una mezcla de expectación y nerviosismo se agitó en su pecho.
El tiempo pareció desvanecerse mientras Sadie se preparaba. Se puso el vestido, cuya tela se ajustaba perfectamente a su figura, como si hubiera sido hecho a medida. De pie frente al espejo, se peinó con cuidado y se maquilló ligeramente, con las manos ligeramente temblorosas por la nerviosa expectación.
A las siete en punto, llamaron a la puerta.
Sadie respiró hondo y se tranquilizó antes de dirigirse hacia la puerta.
Cuando abrió, Noah estaba allí, con un aspecto distinguido, vestido con un elegante traje negro. Su mirada se fijó inmediatamente en ella y, por un instante, Sadie vio algo parecido a admiración en sus ojos, algo más profundo que la simple cortesía. El vestido estrellado que llevaba parecía realzar su elegancia natural, y los cristales reflejaban la luz de tal manera que la hacían parecer casi sobrenatural.
—Estás preciosa —dijo Noah con voz cálida y sincera.
Sadie se sonrojó y bajó la mirada momentáneamente. Su corazón se aceleró al oír el cumplido y susurró: —Gracias.
Noah extendió el brazo con un gesto sutil e invitador. —¿Vamos?
Sadie dudó un instante, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. Luego, con un pequeño gesto de asentimiento, colocó la mano suavemente sobre el brazo de Noah, con un contacto ligero pero deliberado.
Juntos, salieron de la villa, con el aire fresco y limpio de la noche envolviéndolos. El chófer estaba junto al elegante coche, con el motor ronroneando suavemente, listo para llevarlos.
El trayecto en coche estuvo cargado de una tensión sutil.
Sadie no pudo evitar lanzar miradas ocasionales a Noah, que estaba sentado a su lado, con su actitud tan serena como siempre. Su rostro no revelaba nada y sus pensamientos eran inescrutables, como la noche que se oscurecía fuera de la ventana.
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