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Capítulo 359:
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Noah no había vuelto a casa en toda la noche.
Se levantó lentamente y se acercó a la ventana que iba del suelo al techo. Consciente de que Laura todavía estaba en la habitación de invitados y no queriendo preocuparla, Sadie reprimió su propia inquietud.
Después de refrescarse, bajó las escaleras y encontró el desayuno preparado.
—¿El señor Wall… no ha vuelto anoche? —preguntó Sadie a Breck, con voz firme pero traicionada por un ligero temblor.
Breck negó ligeramente con la cabeza. —No, señora Wall.
—¿Ha dicho cuándo volvería?
—No —respondió Breck, con actitud respetuosa pero transmitiendo una tensión tácita.
Sadie se mordió el labio inferior, luchando por tragar el nudo que se le había formado en la garganta.
Sadie se acercó a la mesa y cogió distraídamente una tostada. Le dio un mordisco, pero no sabía a nada, solo era otro gesto más en una mañana que parecía vacía. Desde la escalera, apareció Laura, irradiando energía, como si la debilidad de su estancia en el hospital no hubiera sido más que una sombra pasajera.
—Sadie —la llamó con calidez—. ¿Por qué no has dormido un poco más?
Sadie dudó antes de esbozar una pequeña sonrisa cansada. —No he podido pegar ojo.
Laura se deslizó en el asiento junto a ella y la observó con atención. Luego, se suavizó. —Se trata de Noah, ¿verdad?
Sadie apretó ligeramente los dedos alrededor de los cubiertos. No respondió.
—Oh, cariño —dijo Laura con una risita—. Los asuntos del corazón siempre se arreglan. No le des vueltas a lo que no puedes controlar.
Sadie exhaló lentamente, con el pecho subiendo y bajando mientras intentaba asimilar aquellas palabras.
—Estoy bien, abuela —dijo en voz baja.
Laura la observó durante un momento y luego suspiró antes de darse la vuelta para subir las escaleras.
Sadie sabía que lo decía con buena intención, pero por dentro era un torbellino de emociones —dulzura, amargura, incertidumbre— todas entremezcladas.
En ese momento, Breck se adelantó y colocó con cuidado un paquete envuelto con mucho gusto sobre la mesa.
—Señora Wall, esto acaba de llegar de parte de la señora Shaw —anunció.
Sadie parpadeó y fijó la mirada en el paquete.
¿Ya? Recordaba que Eva había mencionado el vestido para la Gala Starlight, pero no esperaba que llegara tan pronto.
Una sensación de calor se extendió por su pecho. Eva nunca hacía las cosas a medias.
—Gracias —murmuró Sadie, asintiendo a Breck antes de alcanzar la elegante cinta. Sus dedos trabajaron con delicadeza, desatando el lazo, con la expectación agitando su interior.
Al levantar la tapa, apareció un impresionante vestido plateado que brillaba bajo la luz de la mañana. Pequeños diamantes adornaban la tela, captando cada destello como estrellas capturadas.
Sadie pasó los dedos por la suave seda, cuya suavidad era como líquido contra su piel. Levantó con cuidado el vestido y se lo puso, incapaz de resistirse a la atracción de su belleza. Un suspiro escapó de sus labios.
—Es… impresionante —susurró para sí misma.
Con la ayuda de una doncella, Sadie se enfundó el vestido. La tela se amoldaba a su cuerpo como una segunda piel, acentuando cada curva con una elegancia natural. No le quedaba ni demasiado ajustado ni demasiado holgado, era perfecto.
Se colocó delante del espejo de cuerpo entero y se quedó sin aliento al contemplar su reflejo.
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