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Capítulo 351:
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Sadie sintió una oleada de decepción. No esperaba que Noah se alineara con Kyla en la subasta.
En voz baja, con un tono suplicante, Sadie dijo: «Noah…».
Sin embargo, Noah no le prestó atención, con la mirada fría y fija en el subastador.
Alex, con determinación grabada en su rostro, levantó de nuevo su paleta. «¡Dieciocho millones!».
Imperturbable, Noah respondió con un firme «¡Veinte millones!».
Insistiendo, aunque su voz mostraba signos de tensión, Alex pujó: «¡Veintidós millones!».
La tensión se hizo palpable en el aire, y todos los asistentes contuvieron la respiración en expectación.
Noah gritó con decisión: «¡Cincuenta millones!».
Derrotado, Alex bajó la paleta, con los hombros caídos.
Con un fuerte golpe, el martillo de la subasta anunció al nuevo propietario de la Piedra Estelar.
Abrumada, Sadie se hundió en su asiento, con el rostro pálido, como si le hubieran drenado toda la energía.
La preocupación se reflejó en el rostro de Alex al mirarla, sin saber qué decir para consolarla.
Detrás del escenario, Kyla apretaba la caja ornamentada con la Piedra Estelar, con una expresión radiante de victoria.
Se acercó a Noah y le susurró: «Gracias, Noah».
Noah tomó la caja, levantó la tapa y miró la piedra luminosa que había dentro. Habló sin emoción. «Esta gema no fue comprada para ti».
Un escalofrío recorrió a Kyla, cuya sonrisa se congeló y cuya voz temblaba. «¿Qué has dicho?».
Con un chasquido, Noah cerró la caja y comenzó a alejarse. «Debes entender que nunca he sentido nada romántico por ti».
Kyla palideció y apretó los dedos alrededor del bolso de terciopelo arrugado.
Alex tenía una expresión de remordimiento cuando dijo: «Sadie, lo siento. No pude conseguir la Piedra de la Luz Estelar para ti».
Con una débil sonrisa, Sadie negó con la cabeza y respondió: «No pasa nada, Alex. No es culpa tuya. Te agradezco todos tus esfuerzos».
Alex se sintió invadido por el dolor al ver cómo ella intentaba mantener la compostura.
«Vamos», dijo Sadie mientras se levantaba.
Juntos, salieron de la sala de subastas, caminando hombro con hombro. La brisa nocturna acarició el rostro de Sadie, pero no logró disipar el frío de su corazón.
La pérdida de la Piedra Estelar posponía indefinidamente el renacimiento de la serie «Dewy Hibiscus», y la crisis de su estudio seguía sin resolverse.
«Déjame llevarte a casa», sugirió Alex, con voz cargada de preocupación.
Sadie negó con la cabeza suavemente. —Gracias, Alex, pero ahora necesito estar sola.
Alex observó su desolada figura alejarse, sintiendo una mezcla de emociones. Sadie regresó a su estudio y se quedó mirando fijamente los diseños de joyas esparcidos por su escritorio.
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