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Capítulo 346:
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Sadie fue directa. «Necesito hablar con el señor Lionel Morgan sobre la reparación de una joya».
El mayordomo se detuvo, cauteloso. «¿Tiene cita?».
«No he conseguido concertar una», respondió Sadie. «Sin embargo, traigo conmigo unos fragmentos del Hibisco Rocoso, que podrían interesar al señor Morgan».
En cuanto Sadie abrió la caja, las piezas brillaron sutilmente a la luz del sol, dejando entrever su antiguo esplendor.
Conmovido por la belleza latente de los fragmentos y la sinceridad de Sadie, el mayordomo finalmente la invitó a pasar.
Lionel examinó las piezas con intensa concentración, con expresión pensativa. —Qué trabajo tan exquisito… Es realmente trágico.
—¿Hay alguna posibilidad de restaurarlo? —preguntó Sadie, con un tono de esperanza en la voz.
Lamentablemente, Lionel negó con la cabeza. «El reto es formidable. El Hibisco Rociado fue elaborado con técnicas muy especializadas y materiales raros, que ahora son casi imposibles de conseguir», explicó.
Desanimada, pero aún aferrada a un atisbo de esperanza, Sadie insistió: «¿No hay ninguna posibilidad?».
Tras una pausa reflexiva, Lionel respondió: «La restauración podría ser factible, aunque con pocas posibilidades. Estoy dispuesto a intentarlo, aunque el éxito no está garantizado».
Animada por la más mínima posibilidad, Sadie respondió con entusiasmo: «Su disposición a intentarlo lo es todo para mí».
Lionel dudó antes de añadir: «Sin embargo, hay una condición. Repararlo podría ser posible, pero sería necesario encontrar sustitutos muy difíciles de conseguir para los materiales originales. Son muy difíciles de encontrar y requerirían un esfuerzo considerable por tu parte».
Sadie respondió inmediatamente con determinación: «Por favor, hazme una lista de los materiales que necesitas. Haré todo lo posible por conseguirlos».
Lionel le proporcionó una lista de las piedras preciosas necesarias, cada una más rara que la anterior.
Al salir de la villa, Sadie no perdió tiempo y se puso manos a la obra. Se puso en contacto con todos los joyeros y coleccionistas que conocía, aprovechando todos sus contactos. Mientras tanto, encargó a Nanette que supervisara los proyectos en curso del estudio para mantener el funcionamiento sin interrupciones.
Al ver a Sadie en constante movimiento, Nanette expresó su preocupación. «Sadie, ¿es prudente gestionar tantas tareas a la vez? ¿No te preocupa el esfuerzo?».
«El Hibisco Rociado es demasiado valioso para mí; debo restaurarlo, pero el estudio no puede permitirse una pausa. Tenemos que encontrar el equilibrio», explicó Sadie con determinación.
En los días siguientes, Sadie se dedicó a adquirir los materiales necesarios y a ayudar en los trabajos de restauración del Hibisco Rociado. Sus esfuerzos fueron incansables, reflejando el funcionamiento ininterrumpido de una máquina bien engrasada.
A medida que se acercaba la Gala Starlight, Sadie había conseguido casi todos los materiales necesarios. Sin embargo, la Piedra Starlight seguía siendo difícil de encontrar, su rareza la convertía en algo casi mítico.
«Piedra Starlight», susurró Sadie, con la mirada fija en el último elemento sin marcar de su lista.
«Ring, ring, ring…». El teléfono del estudio resonó con un timbre persistente.
Nanette contestó y su rostro se tensó al escuchar la llamada. «Hola, estudio de Sadie… ¿Qué? ¿Cancelar la colaboración? ¿Por qué?».
La incredulidad de Nanette era evidente en su tono elevado.
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