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Capítulo 308:
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«Tap, tap, tap…». Se oyeron unos pasos suaves y apresurados, seguidos de una voz ansiosa e ingenua. «¡Mamá!».
Averi se abalanzó sobre los brazos de Sadie, una explosión de calor en el aire frío y pesado.
Sadie se aferró a él, como si se estuviera aferrando a la vida.
En ese momento, el agotamiento y la desesperación se desvanecieron.
«Mamá, te he echado mucho de menos». Averi enterró la cara en su cuello, y su voz, una dulce melodía, alivió su dolor.
Una leve sonrisa se dibujó en sus labios. «Yo también te he echado de menos, mi amor». Una criada dejó discretamente el equipaje de Averi a un lado antes de salir.
Sadie acarició el suave cabello de Averi, con las emociones a flor de piel.
¿Cómo podría explicarle este caos? ¿Cómo podría protegerlo de lo que estaba por venir?
Un golpe repentino la sacó de sus pensamientos.
La puerta se abrió con un chirrido, dejando a la vista a Kyla con un termo de comida en las manos.
Llevaba un delicado vestido amarillo, cuyo suave color complementaba su encantadora apariencia.
Pero en cuanto su mirada se posó en Sadie y Averi, su sonrisa se congeló.
—¿Qué haces aquí? —Su voz denotaba incredulidad y acusación.
Sadie permaneció en silencio, apretando con fuerza a su hijo, con los ojos fríos al encontrarse con los de Kyla.
No tenía ningún interés en hablar con esa mujer.
La frustración de Kyla estalló ante la indiferencia de Sadie.
¿Cómo podía esta mujer, rechazada por Noah, tener la audacia de aparecer en su villa?
—Sadie, tú…
—Kyla, ¿qué te trae por aquí? —La voz de Noah resonó desde la puerta, interrumpiéndola.
Vestido con un elegante traje gris carbón, irradiaba una presencia imponente.
Al verlo, la ira en los ojos de Kyla se desvaneció, sustituida por dulzura.
—Noah, te he hecho sopa. Debes de estar cansado del trabajo, así que te la he traído. —Su voz era dulce y su sonrisa amable mientras le ofrecía el tarro.
Noah no dijo nada, solo miró brevemente a Sadie y Averi, con expresión impenetrable.
El aire se volvió denso, cargado de tensión.
—Noah —Kyla se mordió el labio, con vacilación en la voz. El tarro de comida que tenía en las manos le parecía más pesado, como si de repente fuera una carga.
La sopa que había preparado con tanto cuidado ahora le parecía inservible.
Noah frunció ligeramente el ceño. —Déjalo ahí —dijo con tono indiferente.
Esas palabras golpearon a Kyla como un jarro de agua fría, apagando la chispa de esperanza que había en su pecho. Apretó con más fuerza el tarro de comida, con la frustración bullendo bajo la superficie.
—Pero, Noah… —Kyla se detuvo, con las palabras a punto de salir de sus labios.
Noah la interrumpió con un tono tranquilo pero decidido. —Kyla, tengo otros asuntos que atender.
Un escalofrío recorrió el corazón de Kyla, y las palabras que no había pronunciado se retiraron al silencio.
Estaba claro: Noah la estaba alejando.
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