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Capítulo 291:
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—¡Yupi! —chilló Averi emocionado.
Un rato después, Averi sostenía su helado como si fuera un tesoro precioso. Saboreaba cada lametazo y sus ojos brillaban de alegría.
El corazón de Sadie se llenó de calidez y afecto al ver a su hijo disfrutar de las cosas sencillas de la vida.
—Mamá, ¡mira! —Averi señaló de repente la televisión que había en el vestíbulo del hospital—. ¡Mira a ese hombre!
En la pantalla se retransmitía en directo una rueda de prensa del Grupo Wall. Noah estaba tan elegante como siempre con su traje a medida, de pie en la tarima, dirigiéndose a los medios de comunicación.
Sadie sintió que se le encogía el corazón. Los acontecimientos del día anterior volvieron a su mente con toda su fuerza, sustituyendo su alegría anterior por un amargo resentimiento.
Apartó la mirada de la pantalla y de su hijo. No podía dejar que Averi viera su sufrimiento.
En ese mismo momento, Kyla salía cojeando de la zona de urgencias.
Tuvo que bajar la montaña con sus tacones altos después de que Noah la dejara, y acabó con cortes y ampollas en los pies. No tuvo más remedio que acudir al hospital para que la atendieran.
—¡Maldita Sadie! ¿Por qué siempre ella? —murmuró Kyla entre dientes, sintiendo cómo la ira volvía a arder en su interior al ver a Sadie y Averi en la distancia.
Pero antes de que pudiera hacer nada al respecto, sonó su teléfono.
—Kyla, ven a Wall Manor para cenar esta noche. Nigel quiere organizar una cena familiar —dijo Isabel amablemente por teléfono.
—¡Claro! Allí estaré —respondió Kyla tan alegremente como pudo dadas las circunstancias. Después de colgar, lanzó una última mirada furiosa en dirección a Sadie y salió cojeando del hospital.
Kyla estaba decidida a causar una buena impresión a la familia Wall durante la cena de esa noche. Si se ganaba a Nigel y conseguía su aprobación, su estatus social aumentaría considerablemente.
Sadie esperó a que Averi terminara su helado y luego salieron del hospital cogidos de la mano.
Estaban en la entrada cuando un elegante Maybach negro se detuvo frente a ellos. Sadie actuó por reflejo, colocándose delante de Averi y bloqueándole la vista.
La ventanilla del coche se bajó y apareció el atractivo rostro de Noah. Solo verlo hizo que toda la ira y la frustración que sentía salieran a la superficie.
Sadie aún recordaba con dolor cómo Noah había movido los hilos para ayudar a Kyla el día anterior.
Bueno, no podía culparlo, ya que, al fin y al cabo, eran pareja.
—Sube —ordenó Noah con su tono dominante habitual.
Sadie apretó los dientes e inhaló bruscamente. —¿Qué quiere de mí, señor Wall? —preguntó con frialdad.
Noah frunció el ceño. No le gustaba nada su actitud. —Mi abuelo quiere que vengas a cenar.
Sadie se quedó paralizada. Habían pasado tres años. No tenía ni idea de cómo estaba Nigel últimamente.
El anciano siempre la había tratado bien y la había querido como si fuera su propia nieta.
Sadie sintió que su corazón se ablandaba, aunque solo fuera un poco.
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