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Capítulo 282:
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El frío del agua solo le proporcionó a Noah una claridad temporal; no sirvió para extinguir el calor persistente e inquietante que bullía en su interior. Sadie se derrumbó en el suelo, acurrucada, con el rostro escondido entre los brazos mientras las lágrimas caían silenciosamente por sus mejillas.
Finalmente, levantó la cabeza y dirigió la mirada hacia la cama.
El calor de la presencia de Noah aún perduraba en las sábanas, y el aire estaba sutilmente impregnado de un aroma dulce y empalagoso.
Una idea se le ocurrió y se levantó de un salto, caminando rápidamente hacia la cama. Extendió la mano y tocó las sábanas que aún irradiaban calor residual. Recordando el extraño calor de la piel de Noah cuando la había abrazado, se preguntó si tal vez lo habían drogado.
Atónita por su propia sospecha, Sadie pensó en quién podría haber drogado a Noah dentro de la finca. ¿Podría estar involucrada Kyla? Esa idea parecía descabellada; al fin y al cabo, eran pareja.
¿Por qué Kyla iba a recurrir a arrastrar a Noah? Tal acción parecía totalmente innecesaria.
Sus ojos se desviaron hacia el cuarto de baño, divididos entre el impulso de ir a ver cómo estaba y su propio temor. El estado impredecible de Noah la inquietaba profundamente.
A medida que el silencio se prolongaba en el cuarto de baño, la preocupación de Sadie acabó por vencer a sus miedos.
—¿Noah? —Sadie llamó a la puerta con vacilación, pero no obtuvo respuesta. —¡Noah! —gritó con más fuerza, pero la falta de respuesta solo aumentó su ansiedad.
Con una oleada de preocupación, dejó de contenerse y irrumpió en el cuarto de baño.
Dentro, Noah estaba desplomado contra los azulejos, empapado e inconsciente, con el agua aún cayendo sobre él y el vapor nublando el aire. Instintivamente, Sadie apretó los dientes y reunió todas sus fuerzas para sacarlo del suelo resbaladizo.
Resultó ser mucho más pesado de lo que había imaginado, por lo que cada paso hacia el dormitorio le supuso un gran esfuerzo.
Cuando finalmente consiguió llevarlo a la cama, Sadie recuperó el aliento, visiblemente agotada. Rápidamente lo secó, con la mirada fija en sus ojos cerrados y el ceño fruncido por la preocupación.
La urgente necesidad de asistencia médica se hizo evidente en su mente.
Cogió el teléfono de la mesilla y marcó el número del mayordomo. —Hola, soy Sadie. ¿Podría llamar al médico? Necesito un médico aquí. Su voz temblaba por la urgencia.
—Entendido, señorita Hudson. Me encargo de inmediato —respondió el mayordomo con voz firme y tranquilizadora.
Después de colgar, Sadie permaneció sentada junto a la cama, con la ansiedad a flor de piel mientras esperaba ayuda. Comprobaba con frecuencia la frente de Noah, y su ansiedad se intensificaba con cada segundo que pasaba.
Mientras tanto, en la habitación contigua, Kyla se había quedado dormida por la larga espera. Vestida con esmero, se sentía cada vez más inquieta porque Noah aún no había aparecido, y una sensación de malestar se apoderaba de ella.
«¿Por qué no ha aparecido Noah todavía?», murmuró mientras se aplicaba otra capa de maquillaje frente al espejo.
De repente, se oyó un golpe en la puerta de la habitación contigua.
Kyla se levantó y abrió la puerta. Su corazón dio un vuelco cuando vio que el mayordomo estaba a punto de entrar en la habitación contigua con un médico.
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