✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 281:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Sadie soltó un suave suspiro. «De verdad, Alex, estoy bien. No hay por qué preocuparse».
Alex empezó a hablar, pero Sadie lo interrumpió diciendo: «Tengo que volver al trabajo. Voy a colgar».
Terminó la llamada antes de que Alex pudiera responder y dejó el teléfono junto a sus bocetos. Volvió a fijar la vista en su diseño, pero su mente divagaba.
Ding
El repentino sonido del timbre sacó a Sadie de sus pensamientos. Frunciendo ligeramente el ceño, supuso que solo era un sirviente y se levantó para abrir la puerta.
Sus dedos acababan de rozar el pomo cuando oyó el sonido inconfundible de una tarjeta al abrirse la puerta.
Cuando la puerta se abrió, se sorprendió al ver que no era un sirviente, sino Noah.
Su imponente presencia oscureció la luz del pasillo y su mirada, oscura e intensa, se fijó únicamente en ella.
Un frío temor recorrió a Sadie, oprimiéndole el corazón. —¿Por qué… por qué estás aquí? —tartamudeó, con la voz temblorosa, mientras retrocedía instintivamente un paso.
Noah dudó, con expresión de confusión, como preguntándose por qué Sadie estaba en «su» habitación.
Permaneció en silencio, y su intensa mirada hizo que Sadie se sintiera cada vez más incómoda.
La familiaridad de su mirada la inquietaba; era idéntica a la que le había dirigido a menudo tres años antes: la ardiente intensidad de sus ojos… Abrumada, apartó la cabeza, tratando de escapar de la atmósfera opresiva.
Sin embargo, Noah rápidamente acortó la distancia.
Con un movimiento rápido, rodeó su cintura con el brazo y la atrajo hacia él.
—Sadie… —Su voz era un suave murmullo en su oído.
Completamente rígida, Sadie intentó empujarlo. Él respondió apretándola con más fuerza.
—¡Suéltame! —exigió, con voz llena de desesperación.
La lluvia golpeaba suavemente contra las ventanas, contrastando con la atmósfera cargada del interior de la habitación, impregnada de una intimidad tensa y ambigua.
Para Noah, la resistencia de Sadie parecía un simple intento de ocultar sus verdaderos sentimientos hacia otra persona.
De repente, se inclinó y la besó, empujándola sobre la cama. El beso fue duro, teñido de una intensidad punitiva, con mordiscos y profundas embestidas.
Sadie, tomada por sorpresa por su repentina agresividad, se defendió mientras él la agarraba con fuerza, negándose a soltarla. —Mmm… suéltame… —logró articular entre jadeos.
Sus esfuerzos por empujarlo resultaron inútiles.
Su beso abrumador la dejó sin aliento, su energía se desvaneció mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas sin control.
Sentir sus lágrimas en su piel hizo que Noah se detuviera y, tras una breve pausa, finalmente la soltó.
Respirando con dificultad, Sadie lo miró con los ojos nublados por las lágrimas y la voz temblorosa. «¿Quién te crees que soy? Estás con Kyla. ¿Por qué sigues volviendo para atormentarme?».
Su expresión era compleja. Noah sintió una oleada de frustración indescriptible. Sin decir una palabra, se dio la vuelta y entró en el cuarto de baño, donde abrió el grifo del agua fría y dejó que el agua fría cayera sobre él.
.
.
.