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Capítulo 259:
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Sadie asintió. —Gracias, señora Lawrence. Lo pensaré detenidamente.
Leanna se sintió aliviada y sus ojos se suavizaron con una sonrisa amable. —No te quedes aquí sola. Ve a divertirte.
Sadie miró la tarjeta y admiró la elegante letra que decía: «Eva Shaw, Stonemont Estate».
Famosa por su exclusividad, la finca Stonemont se encontraba a las afueras de la ciudad, y Eva Shaw era conocida en todo el mundo como una inversora inteligente.
Sadie conocía bien su impresionante reputación.
Guardó cuidadosamente la tarjeta en su bolsillo.
En marcado contraste, el ambiente en el apartamento de Kyla era tenso. Caminaba de un lado a otro, con la frustración evidente en cada uno de sus movimientos.
La idea de entregarse le parecía completamente ridícula. Sus delgados dedos apretaban con fuerza el teléfono, y sus uñas cuidadas casi se clavaban en la carne.
El silencio se rompió con unos golpes repentinos.
Kyla se detuvo y se preparó para aparentar calma.
Se acercó a la puerta, miró por la mirilla y vio a dos agentes de policía. Se le encogió el corazón y una ola de frío la recorrió.
Con una sonrisa forzada, abrió la puerta. —Agentes, ¿en qué puedo ayudarles?
—Señorita Wade, necesitamos hablar con usted sobre un asunto. Agradeceríamos su cooperación —dijo uno de los agentes, con voz seria y formal.
La sonrisa de Kyla se desvaneció mientras se hacía a un lado para dejarlos entrar en su casa—. Por supuesto. Por favor, pasen.
Cuando los agentes entraron, Kyla cerró la puerta, luchando contra la oleada de pánico que la invadía. Se dirigió con elegancia al salón y señaló el sofá, invitando a los agentes a sentarse.
—¿En qué puedo ayudarles, agentes?
Uno de ellos le mostró su placa, sosteniéndola con firmeza ante ella. —Hemos recibido denuncias de su implicación en el robo de un diamante rosa Cardilla. Necesitamos su ayuda con la investigación en curso.
La sonrisa cortés de Kyla se convirtió en una máscara de conmoción. Abrió mucho los ojos y lo miró con incredulidad. —¿Robo? ¡Eso es completamente ridículo! ¡Seguro que hay algún error!
—Señorita Wade, le pedimos su cooperación mientras continuamos con nuestra investigación —dijo el agente con firmeza, sin dejar lugar a discusiones.
Kyla apretó los puños, sabiendo que resistirse sería inútil en ese momento.
—Acepto cooperar.
Los agentes comenzaron a registrar meticulosamente el apartamento, rebuscando en cada rincón y llenando el espacio con un aire tenso y opresivo.
El crepitar del fuego en la chimenea llenó la noche silenciosa y oscura.
—Señorita Wade, ¿qué es esto? —preguntó uno de los agentes, sacando una caja de terciopelo negro de la caja fuerte del dormitorio de Kyla.
Kyla se quedó paralizada.
Cuando el agente levantó la tapa de la caja, apareció un brillante diamante rosa, descansando en silencio en su interior.
¡Era el diamante rosa Cardilla perdido!
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