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Capítulo 253:
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De repente, unos golpes interrumpieron el silencio.
—Adelante —dijo Sadie con voz ronca por el cansancio. Al abrirse la puerta, entró Pierre, que llevaba en las manos una elegante caja de terciopelo.
—Señorita Hudson, esto lo ha enviado el señor Howe —dijo Pierre, entregándole la caja con formalidad.
Sadie aceptó la caja con expresión de sorpresa, que se convirtió en desconcierto al levantar la tapa.
En su interior había un impresionante collar de diamantes, con un gran diamante rosa Cardilla como pieza central.
El corazón de Sadie dio un vuelco y, por un momento, se quedó paralizada.
Era el diamante rosa que había estado buscando desesperadamente por toda la ciudad y que le faltaba en su último boceto de diseño. ¿Cómo lo había encontrado Alex?
Sin dudarlo, Sadie soltó: «¿De dónde ha salido esto?».
Pierre hizo una breve pausa antes de responder: «Pertenecía a la madre del señor Howe. Se lo regaló el año pasado por su cumpleaños».
En un instante, el rostro de Sadie se tornó complejo. ¿Alex había cogido el collar de su madre… y se lo había regalado a ella? Apretó la caja con fuerza, hasta que se le pusieron blancos los nudillos.
Tras un largo silencio, dijo: «Por favor, dale las gracias al señor Howe de mi parte».
Pierre asintió con la cabeza y salió del estudio.
Sadie, con el collar en la mano, dejó escapar un profundo suspiro. Se dio cuenta de que Alex estaba intentando apoyarla en esos momentos difíciles. Con mucho cuidado, Sadie volvió a guardar el collar en la caja, sabiendo que no era suyo.
La pieza tenía un significado demasiado importante: era un regalo muy especial de Alex a su madre; no era algo que ella pudiera aceptar.
Ya había ideado una nueva solución que le ayudaría a superar sus dificultades actuales.
La razón por la que no había rechazado el regalo inmediatamente era para no causar más estrés a Alex.
Una vez resuelto el problema actual, pensaba devolver el collar.
Poco después, unos suaves golpes interrumpieron de nuevo sus pensamientos.
Pierre volvió a entrar en la habitación con expresión de pesar.
—No hay novedades en el aeropuerto, señorita Hudson. Todos los vuelos siguen retrasados.
Sacudiendo suavemente la cabeza, Sadie dejó caer su oscuro cabello hacia adelante, cubriendo un lado de su pálido rostro.
—No es necesario que sigamos en contacto —dijo Sadie con firmeza.
Pierre dudó, como si estuviera a punto de hablar, pero luego lo reconsideró.
—Dígale al equipo que se tome dos días libres. Necesitan descansar —ordenó Sadie.
—¿Dos días libres? —respondió Pierre, con evidente sorpresa.
¿Podían permitirse detener todo en un momento tan crítico?
Con determinación en su voz, Sadie respondió: «Sí, adelante, organízalo».
A pesar de sus preocupaciones, Pierre le dirigió una mirada preocupada, luego asintió y salió.
Se dirigió a la zona común, donde los empleados se habían reunido para discutir la situación en torno al diamante desaparecido bajo un ambiente de tensión.
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