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Capítulo 252:
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El rostro de Alex se tensó sutilmente, una clara señal de que lo habían tomado por sorpresa. Se movió incómodo bajo la mirada escrutadora de Susannah. «Mamá, no es eso. Es solo una amiga y está en apuros. ¿Qué crees que debería hacer?».
Los años que llevaba conociéndolo a la perfección le facilitaban la tarea: Susannah detectó al instante la inquietud que se apoderaba de su comportamiento, normalmente sereno. Parecía que Alex, que solía mostrarse distante con las mujeres, podría estar enamorado de alguien.
Ella se rió entre dientes y le dio un apretón tranquilizador en la mano. —Mírate, qué preocupado y tenso estás.
Susannah se giró hacia una criada que estaba esperando y le ordenó con voz clara: «Ve a buscar el collar Cardilla Pink Diamond y tráemelo».
La criada fue a buscar el collar con movimientos rápidos. Bajo la suave luz de la lámpara de araña, el resplandeciente diamante rosa brillaba con intensidad.
Susannah tomó la caja del collar y se la entregó a Alex con un gesto elegante. —Toma, coge esto —le dijo.
Alex apretó los dedos alrededor de la caja, evitando deliberadamente la mirada inquisitiva de Susannah.
—Alex, ¿cuándo piensas presentarme a esta joven? —preguntó Susannah, con una mezcla de curiosidad y expectación en la voz.
Alex apretó la caja con más fuerza, esquivando hábilmente su pregunta. —Mamá, se está haciendo tarde. Deberías descansar.
Con esas palabras, se dio la vuelta y salió apresuradamente de la mansión Howe.
Desde la puerta, Susannah observó la silueta de su hijo mientras se alejaba, sacudiendo suavemente la cabeza con una mezcla de diversión y resignación, pero con los ojos brillantes de un afecto indudable. Alex se mantuvo distante, con su actitud reservada de siempre.
El Lincoln negro se fundió una vez más en el abrazo sombrío de la noche.
En el tranquilo santuario del asiento trasero, Alex levantó suavemente la tapa de la pequeña y elegante caja, revelando el brillante diamante rosa que se encontraba en su interior. Sus ojos se detuvieron en su radiante color.
—Lleva este collar al estudio a primera hora de mañana —le dijo con brusquedad a su asistente, sentado en el asiento delantero.
—Entendido, señor Howe.
Mientras la noche se adentraba en la oscuridad más profunda, las luces del estudio de Sadie brillaban desafiantes en la penumbra.
En su amplio despacho, Sadie estaba sentada sola, con su silueta recortada por la luz de una lámpara de escritorio.
Su escritorio era un caos de bocetos de diseños, cada uno de ellos testimonio de su implacable pasión y su meticulosa artesanía.
Entre el desorden destacaba el boceto de un exquisito collar, la joya de la corona de su colección «Diez años de promesas» y, sin duda, la pieza más importante.
Sin embargo, la ausencia del diamante rosa Cardilla dejaba un vacío enorme en sus planes. ¡Ni hablar! No podía poner todas sus esperanzas en ese único diamante, tenía que haber otra opción.
Con el boceto del diseño en la mano, la determinación ardía en los ojos de Sadie. Si el diamante rosa Cardilla estaba fuera de su alcance, encontraría otra manera de seguir adelante.
Sadie había pasado toda la noche en vela. Tenía los ojos rojos e irritados, lo que le daba un aspecto agotado, pero su mirada seguía siendo penetrante. El ligero aroma del café flotaba en el aire. En la quietud de la habitación, solo se oía el suave susurro de los papeles de diseño.
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