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Capítulo 246:
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Cuando se cerraron las puertas del ascensor, los gritos de Isabel se silenciaron abruptamente. Una vez dentro, Noah soltó la muñeca de Sadie.
Ella se masajeó en silencio la piel enrojecida donde él la había agarrado, bajando la mirada y permaneciendo en silencio.
El aire entre ellos en el ascensor se volvió denso por la tensión. La mirada de Noah permaneció fija en Sadie, con emociones que se arremolinaban con incertidumbre en sus ojos.
Sintiendo su mirada, Sadie levantó los ojos para encontrarse con su intensa y indescifrable mirada. La profundidad de sus emociones era un misterio para ella.
Su voz era baja, pero clara cuando habló. —Gracias, señor Wall. Solo soy una extraña. No hay necesidad de comprometer su relación con su madre por mí.
Una sombra cruzó el rostro de Noah, su boca se apretó en una línea firme y permaneció en silencio.
El único sonido en el ascensor era su respiración entrecortada, que se sumaba a la atmósfera sofocante.
Una oleada de amargura invadió el corazón de Sadie.
Sonrió con tristeza para sí misma.
—Nos vemos mañana a las nueve en el juzgado, señor Wall.
Ding
Las puertas del ascensor se abrieron lentamente, dejando entrever un rayo de luz.
Sadie no se detuvo; salió del ascensor y siguió su camino.
Al salir de las instalaciones del Wall Group, se dirigió directamente a su estudio. Al abrir la puerta, se quedó inmediatamente desconcertada por la escena que se presentó ante ella.
El aire estaba lleno de serpentinas flotantes y las luces centelleantes añadían un brillo festivo.
La mesa estaba repleta de pasteles y botellas de champán, mientras sus colegas la rodeaban con sonrisas iluminando sus rostros.
—¡Bienvenida, Sadie, nuestra reina! —Tina levantó su copa de champán, con los ojos llenos de alegría.
—¡Sadie, estamos tan contentos de que estés bien!
Desconcertada, Sadie parpadeó, todavía tratando de comprender la escena que se desarrollaba ante ella. —¿Qué es todo esto…?
Su mirada recorrió a sus colegas, marcada por una expresión de desconcierto.
—El Grupo Wall acaba de transferir el pago final: ¡nada menos que diez millones! Es más de lo que acordamos inicialmente. Han incluido un extra por daños morales y gastos de revisión —dijo Tina, acercándose con una amplia sonrisa.
Al oír la cifra, Sadie sintió que el corazón le daba un vuelco. La cantidad superaba con creces lo que había previsto.
—Noah… —murmuró Sadie entre dientes, perdida en un torbellino de emociones.
Tina irradiaba entusiasmo, con los ojos brillantes mientras exclamaba: «Sadie, tienes que admitir que el Sr. Wall no solo es generoso, sino también ridículamente guapo y rico».
Juntó las manos como si estuviera asombrada. «Realmente valora lo que ha creado tu estudio».
«¡Por supuesto! ¡Su generosidad es incomparable!».
Los compañeros de Sadie se unieron con el mismo entusiasmo, y el estudio se llenó de risas y de un ambiente cálido y familiar.
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