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Capítulo 229:
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—Mamá se asegurará de que te mejores —susurró con voz entrecortada por la emoción.
Sadie conocía bien los motivos de Kyla: quería alejarla de la vida de Noah y nada la detendría. Entonces, se marcharía. Nada importaba más que la vida de Averi.
Sadie cogió el teléfono, con la mano firme a pesar de la gravedad de la situación. Marcó el número de Kyla, con el corazón latiendo con fuerza mientras sonaba el teléfono.
La línea se conectó y se oyó la voz presumida de Kyla, rebosante de satisfacción. —Sadie, ¿por fin has entrado en razón?
La voz de Sadie se mantuvo tranquila, sin delatar ninguna emoción. —Quiero hablar contigo.
La risa de Kyla resonó al otro lado de la línea. —Está bien. Mañana por la mañana nos vemos en la cafetería que hay al lado del hospital —dijo antes de colgar bruscamente.
Sadie dejó el teléfono con un suspiro y volvió a mirar a Averi. El peso de su decisión se le hizo insoportable, pero ya no había vuelta atrás. Por Averi, estaría dispuesta a soportar cualquier cosa.
A la mañana siguiente, Sadie se paró frente al espejo, se ajustó el abrigo y ordenó sus pensamientos. Tras una última mirada a Averi, abrió la puerta de la habitación del hospital y salió al pasillo. El pasillo estaba inquietantemente silencioso, y el débil clic de sus tacones resonaba mientras se dirigía hacia el ascensor.
A medida que el ascensor descendía, una calma inesperada invadió a Sadie. Se había preparado para lo que estaba por venir, lista para enfrentar cualquier cosa que Kyla le lanzara.
La cafetería olía a café recién hecho y pasteles, pero Sadie apenas lo notó. Se sentó junto a la ventana, perdida en sus pensamientos mientras esperaba a que llegara Kyla. Kyla llegó tarde, entrando en la cafetería como si fuera suya. Su traje negro de chaqueta estaba impecablemente confeccionado y su maquillaje era perfecto. Llevaba un bolso Birkin de Hermès en la mano, símbolo de su riqueza. Se acercó a Sadie con aire de superioridad y se sentó frente a ella.
—¿Qué has decidido? —preguntó.
Sadie miró a Kyla a los ojos, sin pestañear. —Voy a dejar a Noah. Para siempre.
Kyla arqueó una ceja, con una pizca de incredulidad en el rostro. —¿Para siempre? —repitió, con tono escéptico.
Sadie levantó los ojos para encontrar la intensa mirada de Kyla, con voz firme, pero con un tono definitivo que heló el aire. —Me voy al extranjero y no volveré. Noah ya cree que Averi no es su hija, así que ya no tienes nada de qué preocuparte.
Kyla miró a Sadie con atención, entrecerrando los ojos mientras trataba de descifrar la verdad en sus palabras.
Hubo un silencio tenso antes de que los labios de Kyla esbozaran una pequeña sonrisa. —Así que por fin has entrado en razón. Deberías haberlo hecho hace mucho tiempo.
Sadie bajó la mirada.
—Recuerda lo que me has prometido. —Kyla dio un sorbo a su café, dejando una marca carmesí en el borde de la taza.
Sadie permaneció en silencio, con el rostro impasible mientras observaba a Kyla, con los pensamientos velados.
Después de lo que pareció una eternidad, Sadie asintió levemente con la cabeza y se levantó para marcharse, con movimientos rígidos y decididos.
Justo cuando salía por la puerta, una voz cálida y familiar rompió la tensión.
—¡Sadie!
Sadie se quedó paralizada y levantó la mirada poco a poco.
Alex estaba de pie cerca de ella, con una expresión de profunda preocupación. Se acercó rápidamente, con la mirada fija en el rostro ligeramente pálido de Sadie, con la ansiedad reflejada en sus ojos.
—Oye, ¿qué pasa? No tienes buen aspecto —murmuró Alex, con voz llena de preocupación. Extendió la mano, como para acariciarle suavemente la mejilla, pero dudó y la dejó suspendida en el aire.
Sadie esquivó su contacto, esbozó una débil sonrisa y dijo: «Estoy bien, de verdad».
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