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Capítulo 224:
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Si Kyla se enteraba del cambio de opinión de Kairi, las consecuencias podrían ser desastrosas.
Tal revelación podría incluso poner en peligro el éxito de la inminente operación de Averi.
Cuando Kairi vio que Sadie asintió con la cabeza, sus hombros, antes tensos, se relajaron ligeramente.
Con un suave apretón, levantó la taza de café y se permitió un sorbo cauteloso. El inesperado éxito de su plan le dibujó una leve sonrisa de satisfacción en los labios.
Jordyn tenía razón: efectivamente, se podía ganar más dinero, y ahora estaba a su alcance.
Después de fijar la fecha de la cirugía, se separaron, cada uno envuelto en sus propios pensamientos.
De vuelta en el hospital, Sadie buscó a Jim.
Al encontrarlo en su oficina, no dudó. —Dr. Archer, estamos listos para proceder con la cirugía —anunció con firmeza.
Jim, ajustándose sus anteojos con montura dorada, respondió a su certeza con una mirada contemplativa. —¿Estás segura de esto? El donante…
—Sí, estoy segura —la interrumpió Sadie, con un tono que no dejaba lugar a dudas—. Todo está arreglado.
Se puso de pie, se enderezó el elegante abrigo y salió con paso decidido, dejando a Jim sumido en sus pensamientos.
El día de la cirugía, Sadie se encontraba sentada en un banco fuera del quirófano, con la mirada fija en las puertas silenciosas.
El tiempo parecía pasar muy lentamente, cada tic del reloj se alargaba más que el anterior.
La hora acordada había pasado y aún no había señales de Kairi.
Sadie empezó a sentir un nudo de inquietud en el estómago.
De repente, la puerta lateral se abrió. No era Kairi quien salía, sino Jordyn, cuyo aspecto contrastaba con el pasillo estéril, con su conjunto rojo brillante y los labios pintados de un color vivo. Su sonrisa no era nada cálida, sino una mueca de desdén que helaba la sangre.
—Sadie, has cometido un error —declaró Jordyn con tono amenazador.
Sadie se puso en pie de un salto, con los ojos muy abiertos por el pánico, como si hubiera intuido las malas noticias antes incluso de que se pronunciaran.
—¿Dónde está Kairi? —su voz se quebró por la urgencia.
—¿Kairi? —La risa de Jordyn resonó, aguda y burlona, como si acabara de escuchar el remate de una broma cruel—. Sabía que vendrías a buscarla. No iba a dejar que apareciera. Ahora mismo, probablemente esté subiendo a un avión con destino a algún lugar lejano.
Jordyn se acercó, elevándose sobre Sadie con una sonrisa amenazante. —Sabía que alguien me seguía. Utilicé a Kairi como cebo y, como era de esperar, picaste. Sadie, sigues tan despistada como siempre.
Un fuerte zumbido llenó los oídos de Sadie, y su mente se sumió en un torbellino de conmoción e incredulidad.
Tambaleó hacia atrás, buscando con la mano algo, cualquier cosa, en la pared para mantenerse en pie.
—Sadie, quizá deberías empezar a planear el funeral de tu hijo —se burló Jordyn, con la voz cargada de veneno.
Se dio la vuelta bruscamente y se alejó con paso decidido, dejando a Sadie atónita, luchando contra la oscuridad que invadía los bordes de su visión.
Kairi se había ido. Sin ella, ¿qué sería de Averi?
El corazón de Sadie latía con fuerza en su pecho. ¡No podía permitirse perderlo ahora!
Averi estaba al borde del abismo; el tiempo se agotaba. La desesperación la atenazaba. ¿Era Noah el único al que podía recurrir? ¿Aceptaría ayudarla después de todo lo que había pasado?
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