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Capítulo 214:
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De repente, la puerta de la oficina se abrió de golpe con un estruendo que rompió el silencio.
Noah apareció en la puerta con expresión tormentosa, como una tempestad a punto de estallar.
Su mirada se fijó en Sadie y Alex, que estaban sentados juntos en el sofá, con las manos casi tocándose. Noah se quedó sin aliento al verlos.
Se acercó, agarró a Sadie por el brazo y la levantó con tanta fuerza que ella gritó de dolor.
—¿Cómo te atreves, Sadie? —exclamó Noah, con cada palabra cortando el aire con furia.
El rostro de Sadie se contorsionó de dolor mientras apartaba el brazo de Noah. —¿En qué estás pensando, Noah? —le espetó, con voz fría pero desafiante.
Su cuerpo era frágil, pero su mirada era resuelta y no delataba ningún temor.
Alex se puso rápidamente de pie, colocándose entre Sadie y Noah. —Cálmate, Noah. Sadie no se encuentra bien —dijo con voz tranquila pero firme.
Noah le lanzó una mirada venenosa a Alex. —Apártate. Esto es entre ella y yo.
Empujó a Alex y volvió a atraer a Sadie hacia él, clavándole los ojos en los de ella.
—¡Contéstame! ¿Quién es el padre de Averi?
Sadie le devolvió la intensa mirada sin pestañear.
Sin embargo, dudó un instante. ¿Había hecho Noah una prueba de paternidad?
—¿Qué te hace pensar que te mentiría? Averi es hija mía y de Alex. ¿Tienes algún problema con eso?
La expresión de Noah se volvió aún más siniestra.
Apretó con más fuerza la muñeca de Sadie.
—¡Tienes que ser sincera conmigo, Sadie! O si no…
Con una risa despectiva, Sadie apartó bruscamente el brazo. —O si no, ¿qué? Ya no estamos casados, Noah. ¡Ya no puedes controlar mi vida!
La sorpresa hizo que Noah abriera mucho los ojos.
Volvió a agarrarla de la muñeca y la apartó con fuerza de Alex.
—¡Ven conmigo!
Su voz era fría y tenía un tono definitivo.
Empezó a empujarla hacia la puerta sin esperar su respuesta.
Con un tirón poderoso, Sadie liberó su brazo, tambaleándose, pero recuperando rápidamente el equilibrio.
Noah se detuvo, con la mano congelada en el aire.
Parecía que no había previsto la resistencia de Sadie.
Jadeando, Sadie luchó por estabilizar su respiración y controlar sus emociones mientras intentaba no llorar.
—No deberías ponértelo más difícil —dijo Noah con una clara advertencia—. ¿Todavía quieres conservar tu estudio?
La desesperación se apoderó de Sadie. Su estudio era su pasión, construido con inmenso esfuerzo y dedicación. La amenaza de Noah la hirió profundamente. Él tenía los medios para arruinar su estudio sin sudar ni una gota.
Sadie apretó los puños con fuerza, clavándose las uñas en las palmas. Mirando a Noah a los ojos, habló con calma calculada. —¿De verdad crees que te tengo miedo, Noah?
Su voz era baja pero resonante, y cada sílaba tenía un poder innegable.
Se hizo el silencio en la habitación, solo se oía su respiración acelerada. Noah arqueó una ceja. —Tu precioso estudio… ¿De verdad crees que podrás conservarlo?
—Pase lo que pase, no te saldrás con la tuya —respondió ella con tono decidido.
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