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Capítulo 213:
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Echó un vistazo rápido al papel y sus ojos se posaron en la conclusión final: no había relación biológica.
El documento se le resbaló de las manos y cayó suavemente sobre el pulido escritorio.
El rostro de Noah se ensombreció al instante.
Cerró los ojos, luchando por contener la oleada de emociones que lo invadían.
No había relación biológica…
¿Era realmente Alex el padre del niño?
Se oyó el sonido de unos tacones altos que se acercaban y se hacían cada vez más fuertes. Kyla entró, con su elegante traje blanco resaltando su figura elegante.
Sus labios esbozaron una sonrisa controlada y sus ojos brillaron sutilmente.
—Noah, acabo de terminar la propuesta para el proyecto Amberhollow… —Se detuvo a mitad de la frase cuando su mirada se posó en el documento que había sobre el escritorio.
—¿Es esto… un informe de paternidad? —Fingió sorpresa y se llevó una mano a la boca, con un rápido destello de satisfacción en los ojos.
Noah permaneció en silencio, con la mirada fría fija en ella.
Kyla se acercó al escritorio, cogió el informe y le echó un vistazo antes de levantar la vista con fingida preocupación.
—¿No hay relación biológica? —murmuró—. Noah, ¿qué… qué significa esto?
El ambiente en la oficina se volvió gélido, y el tiempo pareció detenerse. Noah se levantó bruscamente, y el movimiento hizo que su silla se deslizara hacia atrás con un chirrido.
Tenía el rostro pálido y los labios apretados.
Kyla suavizó el tono de voz y fingió preocupación. —Noah, ¿estás bien?
Ignorándola, Noah se dirigió con paso decidido hacia la puerta de la oficina.
Samuel se apresuró a seguirlo, sus pasos resonando en el tenso silencio. Kyla observó la marcha de Noah, con una sutil sonrisa en los labios.
Dejó con cuidado el informe de la prueba de paternidad sobre el escritorio.
Todo estaba saliendo exactamente como había planeado.
Sin embargo, mientras ese chico estuviera vivo, seguía siendo una amenaza potencial.
Kyla sacó su teléfono y marcó un número.
—Hola, ¿se ha encargado de todo?
—Se ha hecho según sus instrucciones. La información se ha difundido —respondió una voz respetuosa al otro lado de la línea.
Mientras tanto, en la oficina de Alex, un ligero aroma a café impregnaba el aire. Fuera, a través de los ventanales, se extendía el bullicioso paisaje urbano de Jazmah.
Alex dejó el teléfono y esbozó una sonrisa de satisfacción.
Acababa de contactar con un prestigioso especialista en trasplantes en el extranjero. Ahora, Averi tenía una oportunidad real y Alex se sentía como si le hubieran quitado un peso de encima.
Se volvió para mirar a Sadie, que estaba sentada en el sofá.
Tenía el rostro pálido y, a pesar de sus esfuerzos por parecer fuerte, su cansancio era evidente.
—Sadie, buenas noticias. He conseguido una consulta con el profesor David Miller en Maradeiris para Averi. Será pronto —dijo Alex en voz baja, con tono tranquilizador.
A Sadie se le llenaron los ojos de lágrimas al oír sus palabras. Miró a Alex con profunda gratitud. —Alex, gracias. No sabes lo mucho que significa esto para mí.
—No tienes por qué darme las gracias —dijo Alex con una sonrisa amable—. Considero a Averi como si fuera mi hija.
Se sentó junto a Sadie y le tomó la mano, pero ella la retiró sutilmente.
Con la mirada baja, las largas pestañas de Sadie ocultaban las emociones de sus ojos.
La calidez de la amabilidad de Alex le llegó al corazón, pero también aumentó su culpa. Sabía que estaba en deuda con él.
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