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Capítulo 204:
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—Sadie, Averi se va a poner bien —dijo Alex con suavidad.
Ella asintió levemente, con los ojos llenos de lágrimas. —Alex, te agradezco mucho que te quedes. No sé cómo lo haría sola.
—Somos amigos. Es lo menos que puedo hacer. Y para mí, Averi es como mi hijo —respondió Alex.
Sadie dudó un momento, pero decidió no decir nada. Se hizo un breve silencio en la habitación antes de que ella volviera a centrar su atención en Averi.
Mientras tanto, Noah llevaba horas sentado en su coche cerca de la entrada del hospital, y su frustración aumentaba con cada segundo que pasaba. La idea de que Averi fuera hija de Sadie y Alex le parecía inconcebible, pero la postura inquebrantable de Sadie le hacía cuestionarse todo. Fuera como fuera, necesitaba aclarar las cosas.
Giró la llave y se dirigió al aparcamiento del hospital. Durante todo el trayecto, no pudo quitarse de la cabeza la imagen de los delicados rasgos de Averi y la expresión angustiada de Sadie. Apretó con fuerza el volante y pisó el acelerador con más fuerza mientras sus pensamientos se aceleraban.
Justo cuando Kyla estaba a punto de salir de la oficina, Samuel entró corriendo. Se detuvo al verla, pero rápidamente disimuló su sorpresa.
—Señorita Wade, ¿qué hace aquí?
—Busco a Noah. ¿Sabe dónde está?
Samuel dudó un poco antes de responder: —El señor Wall… probablemente esté en el hospital.
—¿En el hospital? ¿Por qué habría ido allí?
El pulso de Kyla se aceleró y una sensación de inquietud se apoderó de ella.
Samuel bajó la cabeza sin dar ninguna explicación.
Al notar su reticencia, Kyla se sintió aún más confundida. No insistió, sino que se dio media vuelta y llamó a un taxi para que la llevara directamente al hospital.
Un rato más tarde, dentro de la habitación del hospital, Averi recuperó lentamente la conciencia. Abrió los párpados y vio el rostro bañado en lágrimas de su madre. Con voz débil, preguntó: «Mamá, ¿qué ha pasado?».
Una oleada de emoción inundó el pecho de Sadie al oír su voz, y las lágrimas comenzaron a correr libremente por sus mejillas. Lo abrazó con fuerza. —Averi, ¡estás despierto! Tenías mucha fiebre, pero ahora ya estás bien.
Averi parpadeó somnoliento. —Mamá, me encuentro bien. ¿Dónde está ese hombre?
Sadie se tensó por un segundo. Sabía exactamente a quién se refería: Noah. No quería que se viera envuelto en la complicada situación, así que respondió: «Tenía que irse por algo importante. No te preocupes. Descansa».
Aunque confundido, Averi asintió obedientemente. Se acurrucó en los brazos de su madre y pronto volvió a quedarse dormido.
Sadie lo acostó con cuidado y salió al pasillo para tomar aire fresco. Al llegar al final, vio a Noah caminando hacia ella.
—¿Qué haces aquí? —Sadie frunció el ceño, con expresión cautelosa.
Noah la miró fijamente, con tono frío y firme. —He venido a pedirte explicaciones sobre el niño.
—Ya te lo he dicho. No es asunto tuyo. Vete y no vuelvas.
Sadie se dio la vuelta para regresar a la sala, pero Noah la agarró con firmeza por el brazo. —Sadie, no te librarás de mí tan fácilmente. Necesito saber la verdad sobre este niño —dijo con voz firme.
—¡Suéltame! —Sadie luchó por liberarse de su agarre—. Noah, ya no estamos casados. Ya no tienes nada que decir en mi vida.
Justo cuando la tensión entre ellos estaba en su punto álgido, Kyla llegó al hospital.
En cuanto vio a Noah y Sadie juntos, se enfureció. —Noah, ¿qué está pasando? ¿Te está molestando otra vez? —preguntó Kyla, con un tono aparentemente dulce, pero cargado de irritación.
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