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Capítulo 201:
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Terminó la llamada y se enfrentó a Noah. «¿Por qué te has llevado a Beccy?».
Un pensamiento inquietante cruzó por su mente: ¿había descubierto Noah al cerebro detrás de todo esto?
¿Podría Noah haberse llevado a Beccy para proteger a otra persona? ¿A quién protegería Noah con tanta determinación?
La mirada de Sadie se posó en el rostro de Noah. Kyla era la única que había despertado en él tal instinto protector. ¿Quién más podría ser? Una sonrisa fría se dibujó en el rostro de Sadie, y sus ojos reflejaron la frialdad.
—Señor Wall —dijo con tono sarcástico—, ¿qué urgencia le trae aquí esta noche? ¿Ha venido para impedir que descubra verdades que podrían avergonzar a su amante, o quizá a su prometida?
Noah frunció el ceño y abrió la boca para responder, pero Sadie le interrumpió.
—Estoy muy ocupada. Por favor, pase usted —dijo con brusquedad, señalando la puerta con la cabeza.
Una sombra cruzó el rostro de Noah. Observó a Sadie, con una expresión en la que se mezclaban la curiosidad y la sorpresa. Ella parecía diferente esa noche. Dudó y luego miró hacia el dormitorio.
—Sobre lo de la niña… —Su voz era suave, pero se percibía en ella cierta confusión.
El corazón de Sadie se aceleró e instintivamente se movió para bloquear la puerta del dormitorio.
—Eso no es asunto suyo.
—¿Me estás ocultando algo? —El tono de Noah se suavizó, pero mantenía un matiz cortante.
Sadie sintió que el corazón se le aceleraba, pero recuperó la compostura rápidamente. La llamada con Averi debía de haber despertado las sospechas de Noah.
Sadie miró a Noah a los ojos con firmeza. —Señor Wall, nuestro matrimonio ha terminado. Ya no tiene nada que decir en mis asuntos personales.
La expresión de Noah se ensombreció aún más.
—Yo no consentí el divorcio, Sadie.
Una profunda tristeza invadió a Sadie. Él había sido quien lo había impulsado y ahora lo estaba impugnando. Lo absurdo de la situación la conmovió profundamente.
Noah la observó atentamente, buscando cualquier signo de vulnerabilidad. Estaba a punto de decir algo, con la ira a punto de estallar, cuando un golpe inesperado en la puerta lo detuvo.
El ruido rompió la tensión que se había creado entre ellos.
Tanto Sadie como Noah dirigieron su atención hacia la puerta.
—¿Quién es? —gritó Sadie.
—Sadie, soy yo, Alex —respondió una voz suave.
Sadie se movió para abrir la puerta. Cuando alcanzó el pomo, una mano fuerte le agarró la muñeca y se la apretó dolorosamente. Ella hizo una mueca de dolor y miró hacia abajo, a la mano de Noah.
La desesperación se apoderó de Sadie. ¿Cuál era su intención?
—Suéltame —dijo ella con brusquedad.
En silencio, Noah fijó su intensa mirada en ella mientras mantenía su agarre firme.
Un pesado silencio llenó el pasillo, como si el tiempo se hubiera detenido.
Desde fuera, la voz preocupada de Alex les llegó. —¿Sadie? ¿Estás bien?
Sadie sintió que el corazón se le encogía aún más. No quería que nadie la viera en una situación tan complicada y enredada con Noah.
—¡Noah, suéltame la mano ahora mismo!
—¿Mamá? —Se oyó un murmullo somnoliento procedente del dormitorio.
Una pequeña figura se asomó en la puerta, parpadeando lentamente. —Mamá, ¿por qué no puede entrar papá?
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