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Capítulo 197:
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Sadie mantuvo la compostura. «Me encargaré de las cosas según se vayan desarrollando. Los rumores cesarán cuando la gente vea que no tienen ningún impacto en mí. Al final, la verdad prevalecerá».
Tina admiraba la calma de Sadie, aunque también le provocaba una pizca de tristeza.
En ese momento, el teléfono de Sadie vibró.
Miró el identificador de llamadas y vio que era Pierre, su asistente.
—Hola —respondió Sadie.
—Señorita Hudson, he localizado al paparazzi. Está dispuesto a reunirse esta noche en el Azure Mist Cafe.
—De acuerdo, entendido. Me reuniré con él a las siete. Tú vendrás conmigo.
—Así se hará, señorita Hudson.
Tras colgar, Sadie dejó el teléfono sobre la mesa.
Tina la miró, con una clara expresión de incertidumbre.
—Sadie… —dijo vacilante.
Sadie levantó la vista y le dedicó una leve sonrisa. —Estoy bien. Solo tengo que resolver algunos asuntos.
Al caer la tarde, las luces de la ciudad comenzaron a encenderse.
El ambiente dentro del Azure Mist Cafe era acogedor, iluminado por una luz suave y cálida.
Sentados junto a la ventana, Sadie y Pierre esperaban la llegada del paparazzi.
Pierre miraba a su alrededor nervioso, mientras Sadie revisaba los archivos que había traído con aparente calma.
Al poco rato, un hombre vestido con una chaqueta negra y una gorra de béisbol se acercó y se sentó frente a ellos.
Se quitó la gorra, dejando al descubierto un rostro poco fiable. —Hola, soy Jarrod Bates.
Sadie levantó la vista. —¿Tú eres quien tomó esas fotos?
La expresión de Jarrod denotaba cierta arrogancia. —Sí, yo las hice.
—¿Quién te ha encargado que lo hagas? —preguntó Sadie, clavándole una mirada penetrante.
Desconcertado por su franqueza, Jarrod dudó.
—Decidí hacerlas por mi cuenta…
Sadie se burló. —¿En serio? Sr. Bates, ¿espera que me lo crea? —Se inclinó un poco más hacia él.
Jarrod se movió incómodo, retrocediendo ligeramente ante su intenso escrutinio.
«La técnica era sofisticada, los ángulos cuidadosamente elegidos. Es evidente que eres un profesional; esa precisión no es típica de los paparazzi, que prefieren fotos claras y sencillas. Te centraste en difuminar mi rostro y capturar el momento exacto en que Beccy me entregaba el regalo, con el claro objetivo de influir en la opinión pública en mi contra».
Sadie hizo una pausa para que sus palabras calaran. —Entonces, ¿quién te pagó? ¿Quinientos mil dólares? ¿Un millón? ¿Más?
El sudor brotó en la frente de Jarrod mientras se retorcía, con los ojos brillando por la inquietud.
Había imaginado un trabajo sencillo: tomar algunas fotos, cobrar el dinero y desaparecer.
Sin embargo, allí estaba, atrapado en lo que parecía una trampa ineludible.
Pierre permaneció en silencio, observando atentamente cómo se desarrollaba la interacción.
Se sintió impresionado por la compostura de Sadie.
Sadie dejó que pasara un momento, esperando pacientemente la respuesta de Jarrod.
—Ya sabe cómo funciona este negocio, ¿verdad, señorita Hudson? —Jarrod intentó mantener la calma, pero su voz delataba su nerviosismo.
Se frotó las manos, ocultando su agitación interior.
Con indiferencia, Sadie sacó una tarjeta bancaria de su bolso y la deslizó por la mesa hacia él.
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