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Capítulo 183:
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La expresión de Noah se ensombreció y entrecerró los ojos.
Dio una orden severa. —A partir de ahora, no quiero ver a ninguno de estos individuos en la empresa.
—Señor Wall… —Los hombres intentaron interrumpir, pero la mirada severa de Noah acalló cualquier otra súplica.
—El departamento de finanzas se encargará de sus liquidaciones —declaró con desdén antes de darse la vuelta y alejarse con paso firme.
Jordyn observó su figura mientras se alejaba y soltó un suspiro de alivio. Pero entonces se le ocurrió una idea. Sadie había sido secretaria de Noah. Su evidente preocupación le parecía inusual. ¿Por qué le importaba tanto? De repente, Jordyn recordó un rumor que había oído una vez: que Sadie había tenido una relación con Noah. ¿Podría haber algo de verdad en eso?
Mientras tanto, Noah se metió en su coche y sacó el teléfono para marcar el número de Sadie.
«Lo sentimos, el número al que ha llamado no está disponible…».
Frustrado, Noah arrojó el teléfono al asiento del copiloto y golpeó el volante con la mano.
¡Maldita mujer!
La imagen del rostro pálido y angustiado de Sadie permanecía en su mente.
Dentro del coche, el aire acondicionado expulsaba aire frío, pero no conseguía enfriar el calor que irradiaba el cuerpo febril de Sadie. Se movía incómoda, con la mente oscilando entre la confusión y momentos de lucidez. El mundo exterior se difuminaba a su alrededor.
Solo la imagen de ese rostro cincelado, a veces nítido, a veces difuminándose en la oscuridad, dominaba sus pensamientos febriles.
—Noah… tengo mucho calor… —murmuró Sadie, forcejeando con su camiseta, sin conseguir aflojarla.
Sus dedos rozaron accidentalmente una piel cálida, una sensación desconocida y reconfortante a la vez.
Alex apretó el volante con más fuerza, poniéndose blancos los nudillos por el esfuerzo. Se obligó a mantener la mirada fija en la carretera, aunque el paisaje que pasaba rápidamente parecía estar inmóvil. El calor del aliento de Sadie llenaba el espacio reducido del coche, intensificando la tensión que ya le ponía los nervios de punta.
Una tormenta de emociones se arremolinaba en el interior de Alex. Sentía una profunda lástima por la situación de Sadie, pero no podía negar los sentimientos que empezaban a brotar en su interior.
—Noah… agua… —La voz de Sadie era suave, débil, casi cariñosa. El corazón de Alex dio un vuelco al darse cuenta de que, en su delirio, Sadie lo había confundido con Noah.
Respiró hondo para recomponerse y habló con deliberada calma. —Sadie, aguanta. Te llevaré al hospital ahora mismo.
Pero Sadie parecía no oírlo. Intentó acercarse, murmurando continuamente el nombre de Noah.
Su mejilla enrojecida descansaba contra el brazo de Alex, y su piel le quemaba donde la tocaba.
La respiración de Alex se aceleró al sentir un calor que ascendía por su interior y amenazaba con abrumar sus sentidos.
Apretó la mandíbula, decidido a mantener la compostura. Sabía que no podía aprovecharse del estado vulnerable de Sadie. No podía traicionar la confianza que ella había depositado en él, ni siquiera en su delirio.
Aceleró y se dirigió directamente al hospital más cercano.
La sala de urgencias del hospital estaba muy iluminada y llena de actividad. Alex llevó a Sadie en brazos y la introdujo rápidamente en la sala de exploración. El equipo médico se puso rápidamente manos a la obra y evaluó su estado.
—La han drogado —anunció uno de los médicos con gravedad.
La expresión de Alex se volvió sombría de inmediato. Apretó los puños con fuerza, y los nudillos se le pusieron blancos por la rabia. En silencio, juró vengarse de quienquiera que fuera responsable de hacer daño a Sadie.
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