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Capítulo 1418:
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Todo estaba recuperando poco a poco su ritmo, excepto Sadie.
Su mundo seguía congelado en ese devastador momento de hacía tres años, de pie fuera del quirófano bajo esa despiadada luz roja, perdida en una oscuridad y una esperanza infinitas.
Bajo el cielo nocturno, la finca Myrtlewood yacía envuelta en un tranquilo silencio.
Los pasos de Sadie se detuvieron bruscamente ante su familiar villa.
Sus pupilas se encogieron con incredulidad.
La luz brillaba desde el interior de la villa.
Una cálida luz dorada se derramaba a través de las ventanas del segundo piso, que iban del suelo al techo, bañándola como la miel de un sueño.
No era la luz que había dejado encendida antes de marcharse.
Esa luz en particular no se había encendido en tres largos años.
Un pensamiento desesperado, que Sadie apenas se atrevía a reconocer, recorrió sus venas como un rayo. Su corazón latía con fuerza contra sus costillas.
La incredulidad la impulsó hacia adelante, y su paso se convirtió en una carrera urgente hacia la entrada.
El escáner de huellas dactilares respondió a su toque con un suave clic, y Sadie irrumpió en la sala de estar.
Los aromas ricos y dolorosamente familiares de la comida casera flotaban densos en el aire.
Siguiendo el aroma celestial, Sadie se movió con rigidez hacia la cocina.
Allí, en el espacio diáfano, una figura alta se erguía imponente frente a la cocina.
Una sencilla camisa blanca cubría su cuerpo, con las mangas remangadas casualmente para dejar al descubierto unos antebrazos fuertes y capaces.
Sus movimientos denotaban una concentración absoluta mientras removía con destreza el salteado, cada movimiento fluyendo con una gracia entrenada.
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La escena parecía intacta por el paso del tiempo, como si él nunca hubiera desaparecido.
Sadie casi podía creer que él había pasado cada uno de esos mil días y noches solitarios aquí mismo, en esta casa, preparando comidas solo para ella.
¿Podría ser esto nada más que una cruel ilusión?
¿Había crecido su anhelo hasta tal punto que podía manifestar alucinaciones tan vívidas?
Sadie se frotó los ojos frenéticamente, desesperada por aclarar su visión.
Aun así, la figura seguía siendo dolorosamente real, grabada en su vista con una claridad devastadora.
Sus ojos se encendieron de color carmesí en un instante.
Las lágrimas que había reprimido durante tres interminables años brotaron en un torrente.
Sintiendo la perturbación detrás de él, la figura comenzó a girarse lentamente.
Ese rostro amado, grabado permanentemente en su alma y que la perseguía en sus sueños noche tras noche, de repente llenó su visión sin piedad.
Noah parecía ahora más delgado, sus rasgos tallados con mayor precisión, mientras que nuevas líneas de madurez marcaban su frente.
Sin embargo, esos ojos que miraban a Sadie conservaban la misma profundidad y ternura infinitas, rebosantes de un amor tan profundo que amenazaba con consumirla por completo.
La mirada de Noah se fijó en su rostro manchado de lágrimas, y algo invisible le apretó el corazón con brutal fuerza.
La espátula cayó al suelo olvidada mientras él se acercaba a ella.
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