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Capítulo 1417:
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Sin embargo, nada de esa vitalidad llegaba a su mirada ausente.
Su mundo se había vaciado de todo color hacía tres años, dejando todo gris y sin vida.
Samuel llamó suavemente antes de entrar y dejó una carpeta sobre su pulido escritorio con cuidadosa precisión.
—Señora Hudson, el señor Howe ha salido de prisión. Solicita reunirse con usted.
El bolígrafo de Sadie se detuvo en mitad del trazo, dejando una fina línea sobre la costosa superficie de madera de peral.
Alex. Ese nombre había quedado tan enterrado en el cementerio de la memoria que su repentina resurrección la sobresaltó.
¿De verdad había pasado tanto tiempo?
A veces las horas se arrastraban como animales heridos, mientras que otros momentos pasaban a toda velocidad, dejando a Sadie sin aliento a su paso.
No levantó la vista del escritorio y su voz se volvió gélida.
—No voy a verlo.
El pasado ya no tenía ningún atractivo para Sadie.
Esas viejas heridas y amargas batallas merecían permanecer enterradas.
Samuel claramente esperaba esa respuesta.
En lugar de retroceder, siguió adelante con una calma calculada. «El Sr. Howe afirma que quiere recuperar la custodia de Salex y criar al niño él mismo».
Salex…
La mención de ese nombre congeló a Sadie por completo.
Lentamente, levantó la cabeza y, por primera vez, sus ojos, normalmente serenos, se abrieron con pura sorpresa. La petición de Alex la había pillado claramente desprevenida.
El silencio se extendió entre ella y Samuel mientras innumerables pensamientos luchaban ferozmente en su mente.
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La lógica luchaba contra la emoción, cada una empujándola hacia opciones opuestas.
Finalmente, toda la confusión se condensó en un único suspiro cansado que se escapó de sus labios.
La vacilación se reflejó en su rostro antes de dar su renuente respuesta. «De acuerdo».
Había caído la noche cuando Sadie emprendió el camino a casa. Sus tacones golpeaban el asfalto liso con un ritmo constante, y cada clic resonaba con solitaria precisión. Había rechazado educadamente la oferta del conductor.
Esos paseos en soledad se habían convertido en su ritual durante los últimos tres años.
Solo cuando el cansancio se apoderaba de su cuerpo, su corazón, agobiado por el anhelo, encontraba un fugaz momento de calma.
El miedo consumía los pensamientos de Sadie.
Temía que el hombre que estaba tan lejos, en Zupren, pudiera desaparecer de su mundo una vez más.
Peor aún era la aterradora posibilidad de que algún día regresara con otra mujer a su lado, confesándole que su recuerdo se había desvanecido de su corazón.
Tres años tenían el poder de transformarlo todo.
Salex había pasado de ser un bebé diminuto y envueltito a convertirse en un niño enérgico que podía correr y saltar, gritando «mamá» con su adorable voz entrecortada.
Isabel había aceptado la jubilación y se había instalado en una vida tranquila acompañada de su nieto en la finca del campo. Mientras tanto, Blaine había asumido el legado de la familia Castro y se había convertido en alguien fuerte y en quien se podía confiar.
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