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Capítulo 1408:
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Sin exigir explicaciones ni presionar para obtener detalles, simplemente envolvió los dedos fríos de ella con sus cálidas palmas, ofreciéndole un silencioso consuelo solo con el contacto.
«Vamos, vámonos a casa», murmuró con voz suave y protectora.
La palma de Noah irradiaba un calor constante, lo que tranquilizaba a Sadie de una forma que las palabras nunca podrían.
La tormenta que Alex había desatado se calmó.
Dentro del vehículo, reinaba una calma silenciosa.
Sadie mantuvo la mirada fija en el horizonte que se desvanecía, mientras sus pensamientos repetían la agonía reflejada en la expresión de Alex.
Poco a poco, se volvió para observar al hombre que conducía a su lado, con su perfil tan sereno y esculpido como siempre.
—Alex tuvo un accidente con su coche —comentó Sadie en lugar de preguntar—. ¿Lo sabías?
Noah apretó sutilmente los dedos alrededor del volante.
No la miró cuando respondió: —Sí, lo sabía.
Su franca honestidad suavizó algo dentro de Sadie.
No había mentido, no lo había ocultado.
La vergüenza de haber dudado de él por rumores le oprimía el pecho. ¿Cómo había podido cuestionarlo por lo que había dicho otra persona?
Interpretando su silencio, Noah comenzó a explicar en voz baja: «Fue culpa de Hailey. Se acercó a Alex e intentó convencerlo de que se volviera contra nosotros. Cuando él se negó, ella provocó el accidente para inculparme».
Esa era la verdad.
Y, por fin, el corazón de Sadie volvió a latir con normalidad.
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Aun así, la pura malicia detrás del acto de Hailey la heló hasta los huesos.
Esa mujer había abandonado todo rastro de decencia.
«¿Y… su bebé?», las palabras de Sadie eran apenas un susurro. «¿Qué le pasó al bebé de Hailey?».
La voz de Noah carecía de inflexión. «Lo trasladaron a Zupren. Un pariente lejano de mi tío se hizo cargo de su custodia. No volverá a entrar en nuestras vidas».
Era el desenlace más misericordioso.
El niño no tenía ninguna culpa. No merecía ser castigado por la locura de su madre.
Sadie asintió levemente con la cabeza, liberándose por fin de su última carga.
El silencio dentro del coche se hizo más profundo.
Entonces, sin previo aviso, Noah palideció. Pisó el freno con fuerza y los neumáticos chirriaron cuando el coche se detuvo bruscamente.
Se llevó una mano a la cabeza y se presionó las sienes con los dedos, mientras el sudor empapaba instantáneamente su frente.
«¿Noah? ¿Qué pasa?».
Sadie sintió un nudo en el pecho por la alarma.
Se lanzó hacia delante para sujetarlo, pero antes de que pudiera alcanzarlo, su cuerpo se quedó flácido y se desplomó de lado en el asiento.
«¡Noah! ¡Por favor, abre los ojos!».
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