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Capítulo 1407:
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«¿Hasta qué punto conoces realmente al hombre que has elegido?».
La pregunta de Alex quedó suspendida en el aire como una maldición.
Las palabras le resonaron, obligándole a enfrentarse a su propia ignorancia sobre las personas en las que había confiado.
¿Alguna vez alguno de ellos había visto realmente más allá de las máscaras que todos llevaban con tanta maestría?
«¡Basta!». La voz de Sadie resonó como un latigazo, interrumpiendo sus reflexiones filosóficas.
El caos estalló en su pecho, sus emociones luchaban entre sí con violenta intensidad.
Su mente racional gritaba advertencias, instándola a descartar cada palabra que salía de la boca de Alex.
Sin embargo, algo en su mirada hueca y derrotada sugería que hablaba sin fingimiento ni segundas intenciones.
Ella llenó lentamente sus pulmones de aire, luchando por recuperar el control sobre sus pensamientos acelerados.
«Mi fe en Noah es absoluta». A pesar de sus palabras seguras, un temblor apenas perceptible delató su incertidumbre interior. «Sin embargo, tengo la intención de descubrir toda la verdad detrás de tus acusaciones».
Tras pronunciar su última frase, dio media vuelta y se dirigió con determinación hacia la salida.
El ritmo seco de sus tacones contra el cemento pulido se fue atenuando a medida que desaparecía por el pasillo estéril.
Alex se quedó mirando la puerta vacía mucho después de que ella se hubiera ido, y luego cerró los ojos con resignación.
Una sola lágrima recorrió su mejilla curtida, llevando consigo el peso de todos sus remordimientos.
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Sus pensamientos se volvieron hacia su interior, formando una silenciosa plegaria que le pareció su último acto de amor: esperaba desesperadamente que Noah se mostrara digno de su devoción y que ella nunca se viera atrapada en una jaula creada por ella misma, como le había sucedido a él.
La pesada puerta de acero se cerró detrás de Sadie con un sonido hueco y definitivo que parecía reflejar su propia sensación de cierre.
En la entrada principal de la prisión, Sadie se detuvo bruscamente, como si de repente se le hubiera agotado el impulso.
La brillante luz del sol de la tarde le ofuscó la vista, obligándola a levantar la palma de la mano a modo de visera improvisada contra el resplandor.
La pregunta de despedida de Alex se había incrustado en su conciencia como una astilla, creando un dolor persistente que no podía ignorar ni extraer.
Un elegante Bentley negro esperaba cerca de la acera, con su superficie pulida brillando bajo la luz del sol.
Noah estaba de pie junto al vehículo, haciendo rodar distraídamente un cigarrillo apagado entre sus largos dedos.
A juzgar por las sutiles arrugas que habían aparecido en su traje, normalmente impecable, llevaba bastante tiempo esperando allí.
En cuanto la vio salir del edificio, se enderezó, tiró el cigarrillo a una papelera y acortó la distancia entre ellos con pasos rápidos y decididos.
La preocupación nublaba sus ojos oscuros, una emoción tan intensa que no intentó ocultarla tras su habitual máscara de compostura.
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