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Capítulo 1400:
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Un funcionario tiró del pomo de la puerta, pero el metal se resistió.
Maldijo entre dientes y golpeó la superficie con la culata de su pistola, sin conseguir más que un pequeño arañazo blanco.
El miedo se extendió entre los hombres reunidos como la pólvora.
La expresión de Emerson se ensombreció y se convirtió en un ceño fruncido. Su mirada recorrió las barreras metálicas y el reconocimiento lo golpeó como un rayo.
Sabía exactamente lo que era: el sistema de protección definitivo de la familia Wall, sus legendarias «barreras».
Una vez que esos escudos se activaban, nada podía atravesarlos desde el exterior: ni balas, ni bombas, ni siquiera misiles de grado militar. Solo alguien con acceso a los controles internos podía desactivarlos.
Emerson nunca había sospechado que la finca albergara tal tecnología y, desde luego, no había imaginado que Sadie tuviera autorización para activarla.
El rostro del oficial al mando se contorsionó con una rabia que rayaba en la histeria.
—¡Estamos atrapados como ratas! —gritó.
Su bota golpeó el sofá más cercano y soltó un sonido más animal que humano. —¡Sadie! ¡Esa pequeña pícara intrigante nos ha tomado a todos por tontos! »
Su trampa cuidadosamente preparada le había estallado en la cara.
En realidad, la realidad era mucho más humillante que eso. Había llegado para capturar a un lobo, solo para descubrir que ahora estaba encerrado en la misma jaula que su presa.
Mientras tanto, la verdadera depredadora los observaba desde su atalaya fuera de su prisión, probablemente disfrutando cada segundo de su difícil situación.
La vergüenza y la furia se abalanzaron sobre él en oleadas que amenazaban con destrozar su cordura.
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En medio del caos, Emerson y el funcionario se miraron a los ojos en un momento de comprensión mutua.
Minutos antes, habían sido enemigos mortales. Ahora se encontraban como socios renuentes en el mismo desastre.
Un silencio incómodo se apoderó de la habitación como una pesada manta.
Escondida en la sala de control, Sadie observaba el drama que se desarrollaba en su enorme monitor de vigilancia, con una expresión gélida.
La pantalla mostraba docenas de imágenes de cámaras, capturando cada ángulo de la finca con gran detalle.
Captó cada detalle: la rabia apenas contenida de Emerson, el pánico desesperado del funcionario y el nervioso movimiento de los hombres de ambos bandos. Nada escapaba a su atenta mirada.
Una fría sonrisa se dibujó en los labios de Sadie.
«Perfecto», susurró. «Ahora todos pueden ver exactamente dónde están».
Hurst se acercó a ella y observó el enfrentamiento que se mostraba en los monitores.
—¿Cuál es tu siguiente movimiento? ¿Dejar que se destruyan entre ellos o tienes algo más en mente?
Sadie negó con la cabeza lentamente y de forma deliberada. —No hay prisa.
Sus ojos encontraron los rasgos severos de Emerson en la pantalla. «Esto es solo el primer movimiento. Es hora de que aprendan quién tiene realmente el poder aquí».
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