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Capítulo 1399:
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Sadie poseía un ingenio agudo y una determinación intrépida que ni siquiera Emerson, en su mejor momento, podría haber igualado.
Darse cuenta de esto solo avivó las llamas de su furia hasta nuevas cotas.
Mientras tanto, el principal funcionario de Zupren se quedó paralizado al sentir una repentina sensación de pavor.
Todo su objetivo había girado en torno a capturar a Sadie y hacerse con la valiosa tecnología que ella custodiaba.
Sin embargo, ahora había desaparecido sin dejar rastro.
Lanzó un rugido de rabia y gritó: «¿Dónde está? ¿Dónde se ha ido Sadie? ¡Revolved todo este lugar si es necesario, pero encontradla!».
Ninguna de esas órdenes frenéticas cambiaría nada.
Sadie y Hurst ya se habían deslizado silenciosamente por un estrecho pasillo lateral, con pasos rápidos y silenciosos, mientras se dirigían a un cuarto de servicio de aspecto sencillo.
Hurst agarró el pomo y abrió la puerta de par en par, revelando no un espacio de almacenamiento ordinario, sino un centro de control oculto repleto de sofisticados equipos.
Esta cámara secreta servía como centro de mando de todo el sistema de seguridad de la finca real, el activo mejor protegido de Wall Group.
Sadie se acercó a la consola principal sin dudarlo un instante.
Sus dedos volaron por el teclado digital, introduciendo complejas cadenas de código con precisión experta.
Las líneas de programación fluían rápidamente por la pantalla brillante en un flujo continuo.
Con la mente firme y la mirada concentrada, no se desvió ni un instante de la crucial tarea que tenía ante sí.
En ese instante, Sadie ya no era solo una hija o el peón de nadie.
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Se erigía como la comandante indiscutible de esta fortaleza de acero.
Hurst permaneció detrás de ella, vigilando de cerca el pasillo.
La observaba trabajar y sentía un respeto que nunca antes había conocido.
Ahí estaba la verdadera naturaleza de Sadie, segura e inquebrantable, tomando el mando con una estrategia clara y decisiva.
Luchar junto a alguien como ella era la mayor suerte que había tenido nunca.
La última pulsación de Sadie sobre las teclas provocó un zumbido grave y vibrante que se extendió por todos los rincones de la finca.
Pesados paneles de acero se cerraron de golpe sobre todas las puertas y ventanas expuestas.
Las luces parpadearon durante un instante antes de que el sistema de respaldo tomara el control.
Ahora, la finca real estaba más sellada que una cámara acorazada.
De vuelta en la sala de estar, los disparos cesaron y se hizo el silencio mientras todos registraban el repentino cambio.
Las cabezas se giraron, con los ojos muy abiertos, mirando fijamente las barreras.
«¿Qué está pasando aquí?
¡Estas puertas no se mueven! ¡Estamos atrapados dentro!».
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