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Capítulo 1398:
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La sonrisa de Emerson se desvaneció, enfriándose hasta convertirse en algo agudo y burlón.
«¿Mi jugada? No recuerdo haber dejado que nadie me dictara las condiciones en toda mi vida».
Sin previo aviso, lanzó la taza de café al suelo, y la porcelana rota resonó como una señal.
Los hombres que estaban en silencio detrás de él, entre ellos White Tiger, irradiaron de repente una energía intensa y amenazante.
En un instante, el aire a su alrededor se densificó con una sensación de peligro mortal.
En ese mismo instante, los sirvientes y jardineros que rodeaban la finca dejaron de ocultarse y aparecieron armas en sus manos.
Todos ellos formaban parte de la Manada de Lobos.
Una fuerte tensión se apoderó de la sala cuando ambos bandos se enfrentaron, listos para una lucha sin cuartel.
El funcionario de Zupren, con su elegante traje, entrecerró los ojos, con una mirada de sospecha.
Nunca imaginó que Emerson ocultaría aquí a tantos combatientes leales.
Claramente, el líder de la Manada de Lobos era mucho más formidable de lo que había supuesto.
Sin dudarlo, gritó su orden. «¡Atacad!».
Sin máscaras, ya no había nada que negociar.
«¡Bang! ¡Bang! ¡Bang!».
Los disparos rasgaron el salón en una descarga ensordecedora.
Las balas silbaron en el aire cuando los combatientes de Emerson se enfrentaron a los oficiales de Zupren en una colisión brutal.
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Lo que antes era un espacio lujoso se convirtió instantáneamente en una escena de caos y derramamiento de sangre.
Las sillas se volcaron, las mesas se voltearon y los jarrones de valor incalculable se hicieron añicos en el suelo.
Manchas rojas salpicaban la alfombra, antes impecable.
En medio del caos, Sadie llamó la atención de Hurst y ambos se entendieron en un instante.
Era el momento perfecto.
Hurst la agarró de la muñeca y la guió detrás de una columna destrozada. Se agacharon y se movieron como sombras fuera del centro del tiroteo.
Rápidos y silenciosos, se escabulleron sin que nadie se diera cuenta, ya que la atención de todos seguía centrada en el violento conflicto.
Mientras la pelea continuaba, Emerson derribó a uno de los atacantes con una poderosa patada.
Se giró para buscar a Sadie, buscando entre el caos cualquier señal de ella.
Solo encontró destrucción: Sadie no estaba por ninguna parte.
Una oleada de ira y una chispa de pánico lo invadieron al mismo tiempo.
Había caído en su trampa.
Su propia hija había logrado burlarlo.
Desde el principio, Sadie nunca había planeado alinearse verdaderamente con él.
Ella lo había engañado, al igual que a los poderosos funcionarios.
La maniobra en sí misma era notable, una verdadera obra maestra de astucia y nervio.
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