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Capítulo 1394:
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En su habitación, Sadie se movía con deliberada calma mientras preparaba su sencilla maleta, con movimientos firmes y sin prisas.
Unos fuertes brazos la rodearon por detrás, atrayéndola hacia un abrazo firme y protector.
Un aroma familiar la envolvía, ofreciéndole un consuelo que no podía encontrar en ningún otro lugar.
Parte de la tensión del cuerpo de Sadie finalmente se disipó.
Entre los brazos de Noah, se sentía verdaderamente segura.
Su viaje a Zupren significaba enfrentarse a dos poderosas partes, las mismas responsables de todas las viejas heridas que había sufrido durante los últimos veinte años.
Ella sería tanto el señuelo como la cazadora.
La victoria era la única opción esta vez; no había lugar para la derrota.
—Cuídate —susurró Noah suavemente, con los labios cerca de su oído y su aliento calentándole la piel—. Iré a buscarte tan pronto como pueda.
Sadie asintió con la cabeza y apoyó la mano sobre la de él, que aún la sostenía por la cintura. —Confío en ti.
Esta vez, cada uno de ellos se enfrentaría a su propia batalla, pero su apoyo mutuo nunca flaquearía.
Su confianza en él era tan firme como su fe en sí misma.
Cuando terminó de hacer las maletas, soltó su mano, se giró, se puso de puntillas y le dio un breve beso en los labios.
Sin mirar atrás, cogió su bolsa y se marchó.
Sabía que algunos viajes había que hacerlos sola.
La terminal del aeropuerto estaba llena de viajeros y, mientras Sadie se ajustaba el sombrero para pasar por el control de seguridad, sus pasos se ralentizaron hasta detenerse.
Solo aquí: ɴσνє𝓁α𝓼4ƒ𝒶𝓷.𝓬𝓸𝗺
A poca distancia, vio a alguien a quien conocía muy bien.
Hurst esperaba allí.
Su ropa sencilla y su mochila le daban un aspecto modesto, pero la observaba en silencio.
Sus ojos brillaban con emoción, transmitiendo una silenciosa declaración de que no se quedaría atrás.
La determinación nunca había brillado tanto en Hurst.
Permitir que Sadie se enfrentara sola al peligro no era algo que pudiera aceptar.
Había pasado su vida como una sombra, siempre soportando dificultades por otros, sin vivir nunca para sí mismo. Sadie había sido la única que lo había visto tal y como era.
Tenía con ella una deuda que nunca podría ignorar.
Ahora, por fin, era su turno de elegir su propio camino.
Sadie mantuvo su mirada durante un momento de silencio, sin decir nada.
Con su mente aguda y su notable talento, Hurst se había convertido en un aliado insustituible en estos tiempos inciertos.
Sadie decidió no hablar, simplemente se dio la vuelta y se dirigió hacia la puerta de embarque.
Una leve sonrisa de complicidad se dibujó en los labios de Hurst mientras la seguía.
Las nubes dieron paso al cielo despejado mientras el avión se elevaba, llevándolos a otro país.
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