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Capítulo 1391:
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En la televisión, el hombre que antes irradiaba tanta confianza ahora parecía completamente derrotado.
En lo más profundo de su ser, Humphrey se comunicó en silencio con su difunta hermana mayor, esperando que ella lo estuviera viendo desde el más allá. Por fin la había vengado.
La persona que había herido y traicionado a su hermana, que la había abandonado a un final solitario, finalmente había sido llevada ante la justicia.
A partir de ese momento, la miserable existencia de Alex transcurriría tras los barrotes.
En el corazón de Humphrey permanecía una pequeña esperanza de que su hermana pudiera finalmente descansar en paz.
Los días pasaban y la lluvia caía suavemente sobre el cementerio a las afueras de la ciudad, cubriendo el terreno con una tranquila niebla gris.
Era el día del funeral de Tina.
Una multitud de seres queridos llenaba el cementerio.
Blaine, vestido de negro, caminaba sin rastro de su habitual brillo, con los ojos enrojecidos y agotados por el cansancio.
Paso a paso, avanzó con paso firme hasta llegar a la lápida de Tina, donde depositó con delicadeza un ramo de crisantemos blancos.
Su retrato grabado en la piedra seguía brillando con la misma sonrisa dulce y radiante, un perfecto destello de sol congelado en el tiempo.
Esa cálida luz le parecía ahora imposiblemente lejana.
«Tina, siento haberte decepcionado. Si pudiera volver atrás, nunca volvería a alejarme de ti. Te diría cada día lo mucho que te quiero y nunca dejaría que nada ni nadie te hiciera daño, ni siquiera un poco», murmuró Blaine para sí mismo.
Pero la vida nunca ofrece a nadie una segunda oportunidad.
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A poca distancia, Sadie y Noah estaban juntos bajo un paraguas compartido, observando en silencio mientras le daban el espacio que necesitaba.
Ninguna palabra podría llenar el vacío de ese momento.
Blaine necesitaba ese silencio, una despedida privada para la chica que llevaría en su corazón para siempre.
Noah y Sadie se miraron con complicidad, ambos sabían que era hora de marcharse.
Un guardaespaldas vestido de negro se acercó rápidamente y le entregó un documento a Sadie. Era uno de los hombres de Blaine. —El Sr. Castro quería que tuviera esto. El archivo cifrado de antes finalmente ha sido descifrado.
El corazón de Sadie dio un vuelco.
Aceptó el sobre, que no era muy grueso, y los finos papeles que había dentro se arrugaron al tocarlos.
En cuanto se sentó en el coche, rompió el sello sin dudarlo.
Dentro, encontró copias de cartas antiguas.
Cada línea de escritura, cuidadosa y fina, llevaba el peso de muchos años.
Mientras sus ojos recorrían las palabras, las pupilas de Sadie se encogieron por la sorpresa.
Se dio cuenta de que se trataba de mensajes confidenciales intercambiados entre un alto funcionario de Zupren y Clayton Kirk, un científico del Instituto de Investigación NE.
Palabra tras palabra, Sadie siguió adelante, y su rostro se fue quedando sin color poco a poco.
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