El arrepentimiento de mi exesposo - Capítulo 1386
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Capítulo 1386:
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Con su mirada aguda, Humphrey encontró a Sadie al instante, con una atención concentrada e inquebrantable.
Un sutil movimiento de cabeza sirvió como saludo, y las comisuras de su boca se levantaron mientras su expresión se volvía aún más indescifrable. «Señorita Hudson, ¿podría dedicarme un momento?».
Sus palabras fluían como jade pulido, cultas y tranquilas, pero su tono no dejaba lugar a dudas sobre la fuerza que había detrás.
Blaine no perdió tiempo en interponerse delante de Sadie, con la sospecha clara en sus ojos. «¿Y usted es?».
Sin inmutarse, Humphrey ignoró por completo la pregunta y esperó con una mirada paciente, casi divertida, la respuesta de Sadie.
Con un suave clic, la puerta del salón se cerró detrás de ellos, aislándolos del caos del mundo exterior.
En el salón se reunieron Sadie, Blaine, Hurst y el enigmático Humphrey.
Un pesado silencio se apoderó de ellos, tan denso que les costaba respirar.
Humphrey se acomodó en el sofá con aire relajado, con las piernas cruzadas, irradiando en cada centímetro la gracia natural de la aristocracia del viejo mundo.
Sacó un documento impecable de su maletín, lo colocó con cuidadosa precisión sobre la mesa y lo deslizó hacia Sadie.
—Creo que es hora de que esto vuelva a la persona a la que realmente pertenece —dijo, con un tono frío e inquebrantable.
Sadie bajó la mirada y pudo ver claramente la portada del documento.
En la parte superior, las palabras «Acuerdo de transferencia de acciones» destacaban en negrita.
Lo reconoció: coincidía exactamente con el acuerdo que Hailey había presentado anteriormente.
La transferencia del 0,79 % de las acciones del Wall Group estaba detallada por escrito.
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Sadie levantó la cabeza bruscamente y fijó la mirada en el hombre que tenía enfrente, con una mezcla de incertidumbre y cautela nublando su expresión.
¿Qué estaba pasando?
¿Por qué haría algo así?
Las preguntas se amontonaban en su mente, pero todas las respuestas parecían estar fuera de su alcance.
Nada en la presencia de aquel hombre tenía sentido, porque era un misterio que lo ponía todo patas arriba.
Una pizca de satisfacción se dibujó en el rostro de Humphrey al ver su confusión.
Sin perder el ritmo, sacó su teléfono y hizo una llamada, con su voz tan firme como siempre.
«Adelante».
Apenas había terminado de hablar cuando la puerta del salón se abrió de par en par.
Alguien familiar cruzó el umbral.
Sadie y Blaine se tensaron al ver el rostro, y la sorpresa se reflejó en sus ojos.
Era Beal, el asistente de mayor confianza de Alex.
¿Por qué aparecería Beal aquí?
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