El arrepentimiento de mi exesposo - Capítulo 1378
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Capítulo 1378:
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En el salón tras bastidores, Sadie se puso un impecable traje blanco que complementaba a la perfección su porte sereno y compuesto.
Se miró en el espejo: su maquillaje parecía impecable, pero, bajo la superficie, su corazón se agitaba con una ansiedad creciente.
Noah había desaparecido sin dejar rastro.
Su teléfono había permanecido inaccesible desde primeras horas de la mañana.
Un temor ominoso se apoderó de su corazón con dedos implacables.
Noah nunca desaparecería sin dar explicaciones, especialmente en una ocasión tan crucial, a menos que hubiera ocurrido algo terrible.
Sadie se obligó a desterrar esa devastadora posibilidad.
No, se negaba a creerlo.
Se volvió hacia Samuel con urgencia. —Samuel, reúne a un equipo y realiza otra búsqueda exhaustiva. Examina cada rincón de este lugar y revisa también todas las imágenes de las cámaras de vigilancia.
—Ahora mismo, señora Hudson.
Samuel recibió la orden y salió apresuradamente.
Sadie respiró hondo, ordenándose a sí misma que no se desmoronara. Se acercó a la imponente ventana de cristal y su mirada se posó en la multitud que se agolpaba abajo, una reunión de figuras de élite de los mercados y las finanzas internacionales.
La magnitud del evento era innegable, un momento crucial para Wall Group que ahora descansaba directamente sobre sus hombros.
No había lugar para las dudas.
Pasara lo que pasara con Noah, su prioridad inmediata era mantener esta reunión bajo control.
El pensamiento de Alex atravesó su conciencia, llenándola de nuevas dudas.
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¿Era posible que él estuviera detrás de la desaparición de Noah?
Cerró los ojos por un momento y los volvió a abrir con una determinación tan firme como el acero.
Fuera, el maestro de ceremonias hizo un gesto: había llegado su momento.
Sadie miró el teléfono una vez más, cuya pantalla seguía mostrando el número inaccesible, y luego lo colocó en la palma de la mano del guardaespaldas.
Enderezó la espalda y, con pasos mesurados y seguros, se dirigió hacia las luces que había más allá de la puerta.
Su entrada acalló todos los murmullos.
Las miradas la seguían con diversas emociones: respeto, curiosidad, sospecha.
Subió al escenario con una elegancia que nunca vaciló, escudriñando la sala con una actitud fría e impenetrable.
La leve sonrisa en sus labios era cortés, pero indescifrable. Sus palabras, transmitidas con claridad por el sistema de sonido, resonaron en todos los rincones. «Buenas noches. Soy Sadie Hudson, actual presidenta de Wall Group».
Nada más terminar, se produjo una agitación entre los asistentes.
Un anciano con distinguido cabello blanco se levantó de su asiento en la primera fila.
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