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Capítulo 103:
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Sus palabras tenían un tono de reprimenda, pero estaban subrayadas por una preocupación genuina.
Kyla apretó los puños, clavándose las uñas en las palmas.
En su mente, si Sadie sucumbía a su enfermedad, mucho mejor: así no tendría que ensuciarse las manos.
En ese momento, la puerta del dormitorio principal se abrió con un chirrido.
Sadie estaba allí, con el rostro pálido, un ligero brillo de sudor en la frente y el cuerpo emanando fragilidad y fatiga.
—¿Cuántas veces tengo que repetirlo? No quiero comer —murmuró, con una voz apenas audible, temblando de frustración.
El rostro de Noah se suavizó de inmediato. Se acercó y extendió una mano para tocarle la frente.
—¿Te encuentras bien? —preguntó, con preocupación en sus palabras. Sin embargo, Sadie se apartó bruscamente, con las mejillas ensombrecidas por una mezcla de dolor y rebeldía.
Un destello de amargura tensó sus labios.
La dureza de Noah del día anterior la había dejado tambaleando, no solo emocionalmente, sino también físicamente, lo que le había provocado complicaciones en el embarazo y una fiebre alta.
Todo era culpa suya. ¿Y ahora se atrevía a mostrar preocupación? ¿De verdad se suponía que debía dejarlo pasar? ¡Ni loca!
—Déjame en paz —dijo con voz fría y plana, que cortó el aire tenso.
Noah dirigió su atención a Rosa, que estaba de pie cerca, con inquietud escrita en el rostro. —Rosa, prepara una sopa ligera —le ordenó con firmeza.
Su mirada se cruzó brevemente con la de Kyla, que estaba cerca. La saludó con una mirada desdeñosa antes de volverse hacia Sadie con un tono autoritario que no admitía réplica. —Vuelve a la cama. Voy a llamar al médico.
Una punzada de ansiedad se apoderó del corazón de Sadie, provocándole una respuesta precipitada y desesperada.
—¡No! —La palabra escapó de sus labios con un temblor que delató su miedo.
—Me mantendré caliente y sudaré hasta que se me pase.
La amenaza inminente de la visita del médico la aterrorizaba.
Revelaría su embarazo secreto, una revelación que temía que Noah nunca aceptaría.
Ese niño era su último rayo de esperanza y su mayor vulnerabilidad.
Noah frunció el ceño con preocupación y siguió insistiendo:
—Últimamente has estado vomitando y ahora tienes fiebre. Está claro que no te encuentras bien, pero te niegas obstinadamente a ir al médico. ¿Me estás ocultando algo? Su tono era exigente, mezclado con preocupación y frustración.
Sadie desvió la mirada, con los ojos nerviosos, traicionando su renuencia a enfrentarse a sus preguntas.
—Por supuesto que no —respondió, con un susurro forzado que fingía calma—. Es solo que… los médicos tienden a entrometerse demasiado en mi vida.
Al margen, Kyla observaba el tenso intercambio con una mezcla de celos y resentimiento.
Bajó los ojos, ocultando la tormenta que se gestaba en su interior.
¿En serio? ¿Sadie pensaba que Noah se preocuparía por ella con ese numerito? Era más tonta de lo que parecía.
Noah, con el rostro impasible, sacó su teléfono. Sus largos dedos bailaron con destreza por la pantalla mientras marcaba un número.
—Ya has estado antes bajo el cuidado de Jim. Solo es otra revisión. ¿Por qué actúas como si fuera algo grave?», preguntó con voz suave.
Al mencionar a «Jim», una ola de alivio invadió a Sadie. Jim era uno de los pocos que sabía de su embarazo y había prometido mantenerlo en secreto.
Ella confiaba en él ciegamente, y la mera idea de su apoyo parecía calmar sus nervios crispados.
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