✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 101:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Esa única pregunta, cargada de confusión, atravesó el corazón de Kyla.
¡Era a Sadie a quien había visto en su estado de semisueño, no a ella!
Kyla sintió que su corazón se rompía, como si lo hubiera atravesado una navaja afilada.
Se quedó allí rígida, apretando los puños con fuerza.
Una repentina punzada de celos golpeó a Kyla.
Internamente, maldijo, deseando que el reciente accidente de coche hubiera matado a Sadie.
Sin embargo, a pesar de su amargura, Kyla reconoció la naturaleza crucial del momento.
Respiró profundamente, calmando su ira, y murmuró: «Noah, estás borracho. Déjame limpiarte la cara».
Noah aflojó el agarre de su muñeca y murmuró un «Mm» indiferente. Esta sumisión era inusual; Noah solía ser autoritario y asertivo con ella, pero ahora parecía sometido y fácil de influir.
Los dedos de Kyla se pusieron blancos mientras escurría una toalla y luego la pasaba suavemente por la cara de Noah.
El agua fría debió de empezar a despertarlo, ya que los sentidos de Noah se agudizaron gradualmente.
Al abrir los ojos y ver a Kyla, frunció el ceño y su actitud se enfrió al instante.
Apartó la mano de ella y dijo sin rodeos: «Vete».
La pequeña chispa de esperanza de Kyla se desvaneció con esas pocas palabras.
«Noah, déjame cuidar de ti…». La voz de Kyla se quebró y se le llenaron los ojos de lágrimas mientras hablaba.
«He dicho que te vayas». La voz de Noah se volvió aún más fría.
Un dolor agudo atravesó el corazón de Kyla, lo que la impulsó a salir de la habitación.
Se derrumbó en el sofá del salón, con la mente hirviendo de resentimiento.
Kyla se levantó bruscamente y comenzó a dar vueltas, con la frustración en aumento. Salió al jardín, miró a su alrededor para asegurarse de que nadie la veía y sacó su móvil para hacer una llamada.
—¿Por qué no murió Sadie en el accidente de coche que preparaste? —exigió Kyla, con la voz cargada de furia contenida.
Desde el otro extremo llegó una respuesta pausada y burlona. —¿Qué pasa, mi señora? ¿Por qué estás tan alterada? Ese percance ya causó bastante drama.
Respirando hondo para calmar su ira, Kyla dijo: —Prepara otro accidente. Asegúrate de que Sadie no sobreviva esta vez.
Una risa resonó al otro lado, divertida y burlona. —No puedo. Kyla perdió los estribos y alzó la voz. —¿Y por qué no? ¿Cómo te atreves a negarte…?
El hacker la interrumpió bruscamente.
—¿Has olvidado el trato que hicimos? —dijo el hacker con voz tranquila, casi divertida—. Aún me debes ese favor, ¿y ahora quieres que organice otro accidente?
Kyla se quedó paralizada, apretando los dedos alrededor del teléfono.
El recuerdo la golpeó como una bofetada. Había hecho un trato con él, contratándolo para que provocara un accidente de coche. ¿Su precio? Una noche con ella. En ese momento, no había dudado, tan desesperada estaba por borrar a alguien de su vida.
Una pizca de vergüenza brotó en su interior, pero la reprimió.
Habían tenido relaciones íntimas más de una vez; no había razón para actuar con timidez ahora.
Además, la ira ardía con más fuerza en su pecho y necesitaba una válvula de escape, algo crudo y temerario que se correspondiera con la tormenta que se desataba en su interior.
Sacó el teléfono y buscó el hotel de lujo más cercano a Myrtlewood Estate. Una vez que lo encontró, le envió un mensaje al hacker con la ubicación. «Ve allí. Reservaré una habitación».
.
.
.