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Capítulo 1007:
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Un hilo invisible de tensión se tensó cuando Sadie se soltó. Pasó un momento y entonces sonrió. Leve. Medida. Lo bastante afilada como para pinchar.
«Sra. Burgess, si he entendido bien…». La cabeza de Sadie se inclinó ligeramente, su voz fría pero curiosa. «¿Acaba de mencionar el nombre de Noah? Noah… ¿mi difunto marido?».
El nombre aterrizó como un golpe en el pecho de Hailey.
Hailey se paralizó. Se le hizo un nudo en la garganta. Ni una sola palabra salió.
¿Qué acababa de decir Sadie?
Desde todos los rincones de la cafetería, el silencio se extendió como una onda. La gente se miraba unos a otros, con los ojos muy abiertos por la incredulidad. ¿Noah? ¿Ese Noah? ¿El hombre que dirigía el Grupo Wall, Noah Wall?
Los murmullos estallaron en cuanto el nombre caló hondo. Muchos de los presentes lo habían oído antes.
Noah Wall, desaparecido pero no olvidado. Entonces, ¿por qué Hailey llamaba a su marido «Noah»? ¿Qué estaba pasando exactamente?
Murmullos de duda recorrieron el auditorio y el tono pasó de la indignación a la incertidumbre.
Hailey se quedó clavada en su sitio, como si un rayo la hubiera dejado inmóvil.
Ni en sus mejores sueños había esperado que Sadie golpeara con tanta precisión.
Había sido ella la que había montado la escena, pero ahora se encontraba expuesta de la forma más pública. Reconocer que el «Noah» del que hablaba era ese Noah, el difunto director general de Wall Group, estaba fuera de lugar.
El momento no podía ser más desastroso. Un desliz y todo por lo que había trabajado se desmoronaría delante de todos. Sus mejillas se sonrojaron, una mezcla de humillación y pánico coloreó su rostro.
Tratar de explicarse ahora sólo parecería un encubrimiento desesperado, apestaría a control de daños.
Bajó la cabeza y apretó la mandíbula como si quisiera evitar que la vergüenza se derramara. El peso de la vergüenza le quemaba todo el cuerpo.
No podía soportarlo. Sin decir una palabra, se giró bruscamente y se abrió paso entre la multitud, como si no pudiera escapar lo bastante rápido. Detrás de ella, Sadie relajó lentamente la mano, sus dedos se desplegaron con silenciosa satisfacción.
Soltar lo de «difunto marido» no había sido un accidente, sino un golpe deliberado y estratégico.
Había apostado por el silencio de Hailey, contando con que se derrumbaría antes que confesar. Y a juzgar por aquella retirada, su apuesta había dado resultado.
Era evidente que Hailey tenía remordimientos de conciencia y no se atrevía a responder.
Si la gente de alguna manera conectaba los puntos entre Noah y Patrick y se daba cuenta de lo que ella había hecho, las consecuencias serían catastróficas.
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