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Capítulo 187:
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Kimberly abrió más los ojos, pero se vio incapaz de apartarlo, obligada a soportar su intensa muestra de emoción.
Solo cuando empezó a sentir que se asfixiaba pareció calmarse la ira de Chris, y la dejó ir. Apoyó la frente contra la de ella, con los labios separados apenas unos centímetros, la respiración pesada e irregular, los ojos intensamente concentrados.
—¿Quién te dio permiso para tocarlo?
A Kimberly le costó un momento recuperar el hilo de sus pensamientos.
—¿Te refieres a… Levi?
Chris puso cara de pocos amigos, con la mirada fija en sus labios hinchados y un aspecto amenazante. Su voz era apagada, pero firme, cuando dijo: —¡No quiero oír su nombre de tus labios!
Kimberly se quedó sin palabras.
Pensó para sí misma en lo posesivo que era Chris. Parecía que cualquier hombre podía despertar sus celos.
Al verla en silencio y atónita, Chris ladeó ligeramente la cabeza y su expresión se volvió más severa.
«¿Estabas intentando superarme por culpa de Declan?».
Kimberly permaneció en silencio durante unos momentos, mirándolo a los ojos. Queriendo ser sincera, finalmente respondió: «Bastante».
Sus acciones se debían en parte a su trato con Declan y en parte a una promesa que le había hecho a Chris.
Chris entrecerró los ojos, con dolor aparente en su mirada, como si pudiera oír su corazón romperse. Con voz baja y tensa, preguntó: «¿Quieres… reconciliarte con él?».
Esta era su última pregunta. Si Kimberly respondía que sí, ¡él se alejaría de ella para siempre y nunca más la molestaría!
Él, el heredero de la familia Howard y el hombre más poderoso de Javille, ¡nunca se rebajaría a ser un tercero en el matrimonio de otra persona!
«¿Cómo podría?».
La expresión de Kimberly se volvió severa, y un frío odio llenó sus ojos al pensar en Declan. Apretando los dientes, dijo: «¡Tendría que estar loca para querer reconciliarme con él!».
Chris hizo una pausa, recordando una expresión similar en sus sueños. Por un momento, luchó por separar la realidad de sus sueños. Sorprendido, preguntó: «Entonces, ¿por qué aceptaste esos términos con él?».
Kimberly miró a Chris confundida, todavía perturbada por su contundente beso momentos antes. Desde que dejó la cafetería, su estado de ánimo se había vuelto frío y distante, lo que la hacía luchar por entenderlo.
Como era algo personal, no se sentía obligada a explicárselo.
«Sr. Howard, ¿de verdad tiene tanta curiosidad por mis asuntos personales?», preguntó. Antes de que Chris pudiera responder, añadió: «Solo recuerde, Sr. Howard, que solo somos socios comerciales».
Su comentario punzante dibujó una tenue sombra en la mirada de Chris. Bajó la vista hacia ella, sentada en su regazo, y sus ojos volvieron lentamente a su llamativo rostro, con un brillo de diversión en su expresión.
«Oh, ¿es eso así?», murmuró.
«Entonces, para la señorita Holden, este contacto tan cercano, estos besos improvisados, ¿todo esto es solo parte de una ‘asociación comercial’?»
Un cálido rubor se extendió por las mejillas de Kimberly cuando se dio cuenta de lo cerca que estaba de él. Sintiéndose nerviosa, abrió la puerta del coche y se deslizó de su regazo, murmurando: «Voy a volver al club a cambiarme».
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