✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 894:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
La ira se desvaneció cuando Faustina empujó la cara de Joselyn con una suave irritación.
«Está bien, como quieras. ¿No deberías estar más preocupada por hacer esperar al chico de tus sueños? Probablemente ya esté furioso por tus respuestas tardías».
Una sonrisa juguetona se dibujó en los labios de Joselyn mientras se inclinaba para besar la mejilla de Faustina.
«Que espere. Mientras mi mejor amiga no esté enfadada conmigo, nada más importa».
Apenas salieron las palabras de sus labios, tomó su teléfono y su rostro se deshizo en una reveladora sonrisa de amor mientras miraba la pantalla.
Faustina se limpió la mejilla con deliberada lentitud, sacudiendo la cabeza ante el predecible comportamiento de su amiga.
El amor, pensó, era una auténtica epidemia que necesitaba cuarentena.
Mientras reanudaba el pelado de la manzana, la curiosidad le carcomía los pensamientos. Joselyn era una fuerza de la naturaleza, una belleza vibrante cuyo espíritu apasionado y palabras melosas podían derretir el corazón más frío. ¿Qué clase de hombre podía reducir un alma tan magnética a esta colegiala desmayada?
Más intrigante aún, ¿qué clase de hombre podría mantener la compostura ante el legendario encanto de Joselyn?
La mente de Faustina divagó hacia las posibilidades: debía poseer cualidades extraordinarias para haber capturado tan completamente el notorio corazón errante de su amiga.
Con una gracia ensayada, terminó de pelar la manzana y la cortó en dos mitades perfectas. Le ofreció una a Joselyn, le dio un mordisco a su porción y no pudo resistirse a inclinarse para espiar su conversación.
Perdida en su romance digital, Joselyn mordisqueó distraídamente la manzana, sus dedos con puntas carmesí se deslizaban por la pantalla mientras escribía su mensaje.
«Mañana quedo con mis amigas. ¿Qué tal? ¿Me echas de menos?».
En la parte superior de su ventana de chat, en lugar de un nombre, aparecía la enigmática etiqueta «Hombre sin emociones». Su foto de perfil era igualmente misteriosa: una representación artística de un hombre de espaldas, con su gabardina marrón recortando una silueta elegante contra el fondo, las manos metidas en los bolsillos. Cada píxel irradiaba sofisticación.
Faustina observó atentamente su intercambio, en busca de cualquier migaja de información sobre este enigma. Pero Joselyn, que normalmente era un libro abierto, se había convertido en una fortaleza en lo que respecta a su identidad.
Pasaron unos minutos antes de que apareciera su respuesta: «Sí. Un poco».
«¡Ahhh! Faustina, ¿has visto eso? Dijo que me echa de menos, ¡aunque sea un poco! ¡Es la primera vez!».
Antes de que Faustina pudiera reaccionar, Joselyn soltó un chillido ensordecedor y la hizo girar en una vertiginosa danza de alegría. Cuando el mundo dejó de girar, Faustina encontró a su amiga ya encorvada sobre su teléfono, con los dedos volando por la pantalla.
En serio, ¡esto estaba más allá de las palabras!
«¿Qué tiene este tipo que te tiene tan embrujada? Ya ni siquiera actúas como tú misma. ¿Eres realmente la misma Joselyn? ¿La legendaria asesina que gobierna la web oscura?». Faustina miró a su amiga en un silencio atónito, con la mente dando vueltas mientras trataba de dar sentido a esta transformación.
Las piezas encajaron lentamente. Su último encuentro había sido breve: Joselyn había dejado provisiones y desapareció como una sombra perseguida por el amanecer. Faustina no había tenido tiempo de cuestionar el extraño comportamiento de su amiga, y solo se enteró más tarde de que un encuentro casual con un hombre misterioso en un bar había hecho que Joselyn se lanzara a una búsqueda obsesiva.
Al principio, Faustina lo había descartado. Después de todo, la profesión de Joselyn exigía instintos agudísimos y una lógica fría. Con su considerable riqueza, no era del tipo que se dejaba llevar por consideraciones prácticas. Seguro que no era más que una fascinación pasajera.
.
.
.