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Capítulo 843:
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Su súplica se vio interrumpida cuando la llamada terminó abruptamente.
Una ola de impotencia se apoderó de Silvia; su tez se desvaneció mientras se desplomaba en su silla.
El estado de su abuela era estable, pero requería cuidados constantes.
La idea de que se produjera la más mínima interrupción, aunque fuera por un día, la llenaba de temor.
No podía quedarse de brazos cruzados.
Impulsada a la acción, Silvia se levantó de un salto y llamó frenéticamente a la puerta del despacho de Kimberly.
—¡Señora Moore!
—Diga —dijo Kimberly con voz firme desde dentro. Sin dudarlo, Silvia entró de golpe.
«Sra. Moore, ¡debo ausentarme urgentemente!».
Kimberly levantó la vista, sorprendida.
«¿Por qué necesitas ausentarte tan de repente?». La voz de Silvia temblaba.
«Hay una emergencia en casa», dijo.
La expresión de Kimberly cambió sutilmente cuando respondió: «Está bien, ocúpate primero de tus asuntos personales. Solo asegúrate de completar un formulario de ausencia y enviarlo a RR. HH. después».
Llena de alivio, Silvia expresó su gratitud.
«Gracias, de verdad, Sra. Moore. Ahora la dejo con su trabajo. Disculpe la interrupción». Salió rápidamente y tomó un taxi hacia el hospital.
Kimberly vio cómo se cerraba la puerta detrás de Silvia, y su curiosidad se despertó. Era la primera vez que veía tanta angustia en Silvia, de quien se sabía que había sido criada por su abuela.
¿Podría su abuela estar en problemas?
Tras reflexionar brevemente, Kimberly envió una discreta consulta por teléfono, diciendo: «Investigar la situación familiar de Silvia». No hubo respuesta inmediata.
Unos diez minutos después, mientras estaba absorta en sus diseños, su teléfono sonó.
Kimberly comprobó el mensaje entrante, manteniendo la compostura, pero entrecerrando ligeramente los ojos.
«La abuela de Silvia lleva dos meses gravemente enferma y está ingresada en el Hospital Privado St. Devin. Se han realizado importantes depósitos en su cuenta médica».
Los ojos de Kimberly se detuvieron significativamente en la pantalla de su teléfono mientras bajaba la mirada.
Conocido por su riqueza, el Hospital Privado St. Devin en Frostlandia atendía exclusivamente a los ricos con su entorno limpio, personal médico de primera categoría e instalaciones de última generación.
¡Una información importante era que Blaise era el propietario secreto del hospital!
A pesar de ser la directora ejecutiva del Grupo Kiley y de tener unos ingresos considerables, Kimberly no podía evitar sentirse incómoda con un establecimiento tan extravagante. Se preguntaba cómo podía permitirse Silvia, su asistente con ingresos fijos, los servicios que allí se ofrecían.
¿De dónde sacaba Silvia esos fondos?
¡Esa era la pregunta que le urgía!
Tras una breve pausa, Kimberly escribió un mensaje que decía: «¿Podrías comprobar quién ha estado haciendo depósitos en la cuenta de Silvia?».
La situación le pareció extraña a Kimberly, lo que aumentó su preocupación. Se sintió obligada a descubrir la verdad.
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