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Capítulo 725:
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Ahora que Chris había recuperado la memoria, esperaba que pudieran reconciliarse.
Pero parecía que se había equivocado.
Oyó la risa ahogada de Blaise por encima de ella.
—Está bien, solo estaba bromeando. No tienes por qué ser así.
Preocupado por si ella podía asfixiarse, apartó suavemente la manta, incapaz de dejar de reír.
—Ve a darte una ducha. Yo iré a mi habitación a lavarme y cambiarme, luego volveré.
Sonrió cálidamente ante su expresión de ansiedad.
—No te preocupes. Respeto tus deseos. Mientras no estés lista, no te tocaré.
Kimberly parpadeó, sorprendida.
—¿De verdad?
—Tonta. Blaise sonrió afectuosamente mientras le pellizcaba suavemente la mejilla.
—¿Cuándo te he mentido? Te amo y respeto tus deseos. Mientras no estés de acuerdo, no te tocaré.
El corazón de Kimberly se agitó cuando miró sus sinceros ojos.
Ella vaciló por un momento antes de asentir.
«Está bien, te creo».
Blaise se rió suavemente, se levantó y salió de la habitación, asegurándose de cerrar la puerta detrás de él.
Kimberly se sentó en la cama, con la mirada fija en la puerta cerrada mientras se mordía nerviosamente el labio.
Quería intentar aceptar a Blaise, darle una oportunidad real a su relación.
Después de todo, Chris ya se estaba enamorando de otra persona y estaba a punto de casarse con otra mujer.
Quizás este era el mejor camino a seguir para ella: la gente tenía que seguir adelante y abrazar el futuro.
Cuando Kimberly salió del baño en pijama, la habitación estaba oscura, con solo una tenue lámpara de noche encendida. Notó que Blaise estaba apoyado contra el cabecero, revisando informes financieros.
Suspiró suavemente, se acercó a la cama y se deslizó bajo las sábanas.
Blaise se detuvo, levantó la vista hacia ella con una sonrisa.
«Ahora puedes relajarte, ¿verdad?».
Le acercó su propia manta, asegurándose de que cada uno tuviera la suya, una clara señal de que respetaba sus límites.
Kimberly asintió levemente, conmovida por el gesto.
«Es tarde. Duerme un poco».
«Está bien, lo que tú digas».
Blaise sonrió, dejó el informe a un lado y apagó la lámpara. La abrazó por detrás y dejó escapar un suspiro de satisfacción.
«Esto es bonito. Ojalá este momento pudiera durar para siempre. Kimberly, te quiero de verdad».
Kimberly cerró los ojos y se dejó llevar por sus pensamientos. No sabía cómo responder al amor de Blaise.
Sentía un vacío en su interior, como si le faltara algo. Cuando cerró los ojos, el rostro de Chris llenó sus pensamientos.
No fue hasta que oyó la respiración tranquila de Blaise que volvió a abrir los ojos, mirando fijamente a la noche, con expresión solemne.
Todavía no podía entender por qué Chris la había tratado así.
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